La Guerra Civil Española Resumen, Fin, Batallas, Caracteristicas, Consecuencias, Historia, Imagenes

LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA RESUMEN

La guerra civil española (1936-1939) comenzó cuando una parte del ejército español asentado en Marruecos, con algunos de los generales más influyentes del Ejército español, dirigido por el general Francisco Franco, se levantó contra el gobierno republicano democráticamente elegido, presidido por Manuel Azaña. Las lealtades no siempre estuvieron claras durante este conflicto. Esencialmente, las filas de la izquierda (también conocida como el bando Leal y el bando Republicano) estaban compuestas no solo por obreros, campesinos y sindicatos, sino también por el gobierno español y grupos armados de socialistas, comunistas y anarquistas. La derecha (también conocida como el bando Nacionalista), tenía el apoyo de las facciones rebeldes del ejército, la oligarquía industrial, los terratenientes, la burguesía y la Iglesia Católica. Por diversas y un tanto contradictorias razones, los republicanos recibieron el apoyo de la Unión Soviética y las democracias europeas, mientras que los nacionalistas estaban armados y equipados por los gobiernos fascistas de Alemania e Italia.

La Guerra Civil española resultaría ser tan feroz como sangrienta. Aunque los recursos de las dos partes no eran tan desiguales, los nacionalistas estaban mejor organizados y recibieron una importante ayuda material de Alemania. Los republicanos recibieron muy poca ayuda de la Unión Soviética y, por otra parte, estaban divididos por conflictos internos entre las facciones comunistas, socialistas y anarquistas.

Aunque algunos grupos de voluntarios de Europa y Norteamérica lucharon por la República en el marco de las Brigadas Internacionales, y también una serie de artistas e intelectuales extranjeros apoyaron la causa republicana, incluyendo a Ernest Hemingway (que trabajó como reportero y fotógrafo) y a George Orwell (que luchó en el lado republicano, fue perseguido y posteriormente procesado ​​y quedó así profundamente desilusionado de la rivalidad entre las filas de la izquierda), finalmente los nacionalistas fueron el bando triunfante.

La victoria del general Franco marcó el comienzo de una dictadura de cuarenta años en España (de 1939 a 1975). En las postrimerías de la Guerra Civil Española, Hitler había buscado el apoyo de Franco para su propia campaña militar, pero España no estaba en condiciones de proporcionar niguna asistencia, ni financiera ni tampoco humana. Aunque la Guerra Civil española había sido un campo de entrenamiento para las batallas que se librarían más tarde en la Segunda Guerra Mundial, la España de Franco no jugaría ningún papel en esta última, aunque accedió a enviar a un pequeño cuerpo de voluntarios conocido como La División Azul, que participó en la guerra en Rusia con los alemanes.

Bajo el régimen de Franco España sufrió el aislamiento internacional aunque en diferentes grados. En 1955, el país fue aceptado como miembro de las Naciones Unidas, y en 1970 el general Franco nombró al príncipe Juan Carlos como su sucesor y futuro rey de España, con lo que el restablecimiento de la monarquía se hizo efectivo. Tras la muerte del dictador en 1975 el Rey Juan Carlos I fue coronado, y se volvió a instaurar la democracia en España.

FINAL DE LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA

Para muchos de los españoles afectos al Frente Popular la caída de Cataluña significaba simplemente el final de la guerra civil y el ya inmediato reconocimiento de Franco por parte de Francia y Gran Bretaña parecía ratificar esta impresión.

En realidad, la conciencia de que se había llegado a esa situación estuvo ya totalmente generalizada aunque la reacción de las autoridades militares y políticas respecto de ella fuera muy diferente. A veces se ha interpretado este final de la guerra como el resultado de un entrecruzamiento de conspiraciones con mayor o menor intervención de los servicios secretos de Franco, pero sería mucho más oportuno juzgar lo sucedido como un testimonio de desintegración, un fenómeno que afectó a todos los sectores y protagonistas, pero que les llevó a actuar de una manera sensiblemente distinta.

El primer testimonio de esta desintegración del Frente Popular se aprecia en la rendición de Menorca, durante los primeros días de febrero de 1939. Ni esta isla ni la base naval de Mahón habían desempeñado ningún papel de importancia en la guerra. La iniciativa de la rendición surgió del simple espectáculo de la descomposición del Estado republicano y un barco de guerra británico participó en los preliminares de la negociación. Siendo todo ello muy característico no lo es menos el hecho de que, después de haber lanzado la aviación franquista propaganda pidiendo la rendición, se produjera una sublevación en Ciudadela entre las tropas que hasta el momento se habían mantenido fieles a la República. Se apuntaba así una tendencia que se generalizaría en el inmediato futuro. Quienes más se indignaron como consecuencia del acuerdo final de rendición fueron los alemanes y, sobre todo, los italianos que fueron marginados de cualquier tipo de participación en las negociaciones.

Lo que interesa es que en la noche del 4 de marzo se empezaron a producir acontecimientos en Cartagena. Allí, Buiza había dado tan sólo tres días a Negrín para que se rindiera y abandonara el Gobierno. La conspiración contra el Gobierno fue iniciada por elementos republicanos, pero su divisa ("Por España y la paz") pronto fue sustituida por gritos a favor de Franco de quienes querían aprovechar la ocasión para cambiar de bando. Hubo un momento en que las baterías de la costa eran franquistas, la flota republicana y había tomado el mando de la base Galán, un comunista.

Al día siguiente la flota abandonó Cartagena a la que, después de dudar, no volvería, dirigiéndose al Norte de África. Entre los días 5 y 7 la sublevación fue aplastada por unidades que, en teoría, obedecían al Gobierno de Negrín, pero su jefe al final descubrió que el jefe de Gobierno ya había abandonado España y entonces se adhirió al Consejo Nacional de Defensa formado en Madrid por Casado. Para acabar de complicar la situación, en cuanto se tuvo noticias de lo que sucedía Franco decidió un desembarco en la base, e inmediatamente se enviaron tropas desde Castellón en buques que carecían de protección naval suficiente. Uno de ellos, el Castillo de Olite, fue hundido al acercarse a la costa y de esta manera una sublevación que se había liquidado con poco derramamiento de sangre acabó con centenares de muertos.

Con ello, ya Casado y Besteiro estaban en condiciones de intentar negociar el final de la guerra con Franco. Lo que uno y otro querían es que se diera facilidades para la evacuación y que no hubiera represalias indiscriminadas. Sin embargo, las dos conversaciones tenidas por emisarios del Consejo, los días 23 y 25 de marzo, con el adversario demostraron que éste no quería otra cosa que la rendición incondicional. A partir de la última fecha se inició la ofensiva de las tropas nacionalistas.

Fue imposible, en efecto, organizar una retirada gradual. En Alicante las tropas italianas mantuvieron una especie de zona neutral, pero los soldados y mandos del Ejército Popular carentes de medios para huir debieron entregarse al adversario (hubo, sin embargo, algunos suicidios). El 1 de abril Franco anunció la victoria de sus tropas.

Así concluyó la guerra civil española tras cuya narración es preciso recordar que no era inevitable. La sociedad española no había sido más conflictiva que otras europeas, ni el enfrentamiento entre españoles estuvo revestido de una especial crueldad que lo hiciera distinto de los que se dieron en otras latitudes. Lo peculiar de nuestra historia contemporánea es que se produjera una guerra civil en una fecha tan tardía. Quizá esto explica la principal consecuencia de la guerra civil que no fue otra que un gigantesco retroceso, no sólo en posibilidades de convivencia sino en muchos otros aspectos de la vida nacional, incluido el económico.

BATALLAS DE LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA

Batalla de Madrid.

La rápida marcha del Ejército Nacional, iniciada en la noche del 2 al 3 de agosto de 1936 en Sevilla, con acciones tan sangrientas y destacadas como las de Badajoz y Talavera, desarrollándose con aceleraciones y parones, así como con episodios tan heroicos como el de la liberación del Alcázar de Toledo, finalizando con un vertiginoso avance hacia Madrid.

Las columnas que avanzaban eran cinco, mandadas por los tenientes coroneles Asensio, Barrón, Delgado Serrano y Tella y el comandante Castejón, y todas ellas bajo el mando supremo del general Varela. Las fuerzas no sobrepasaban los 6.500 hombres. La superioridad numérica de las tropas republicanas de José Miaja Menant, estaba contrarrestada por la mejor calidad de las columnas de Varela. Los nacionales concretan tres maniobras: una sobre la carretera de La Coruña, y las otras dos, encaminadas a cortar la comunicación de Madrid con Levante, operándose en dirección al Jarama y a Guadalajara. Miaja se dispone a mantener a toda costa sus posiciones, envolviendo a las columnas enemigas en la Ciudad Universitaria. Para aliviar la situación de las tropas nacionales, medio sitiadas en la Ciudad Universitaria y en la Casa de Campo, el coronel García Escámez trata de ocupar Pozuelo y Húmera. Son unos 7.000 hombres frente a unos 14.000 del general Kleber, seudónimo de Lazar Stern. El 29 de noviembre se rompe el frente y se alcanza el cementerio de Pozuelo, pero ya no se puede avanzar más. La guerra de maniobra se hacía cada vez más difícil. En el frente alcarreño el general frentepopulista Sebastián Pozas trata de llegar el 1 de enero de 1937 a Sigüenza y Atienza. El 3 de enero los nacionales ocupan Villafranca del Castillo y los vértices Romanillos y Manilla, y al día siguiente, Las Rozas y Villanueva del Pardillo.

El 6 de enero de 1937 el general Luis Orgaz -que había sustituido a José Enrique Varela herido el 25 de diciembre de 1936- en medio de durísimos forcejeos, alcanzó la carretera de La Coruña. El día 7 son ocupados Pozuelo y Húmera. Al día siguiente se conquista Aravaca y el 9 la Cuesta de las Perdices y el Cerro del Águila, al nordeste de la Casa de Campo.

Ante el temor de José Miaja de que intentasen los nacionales ocupar de nuevo la capital, realizó un gran despliegue de fuerzas, donde figuraban no menos de once brigadas, entre ellas una nueva Internacional, la XIV, mandada por el soviético general Walter, seudónimo de Karol Swierczewski, más tres agrupaciones. Aparte de los brigadistas “Hans” (alemán), el italiano Nino Nanetti, los generales Kleber y Luckacz, seudónimo de Matei o Mata Zalka, se encontraban también los milicianos Enrique Líster, Valentín González “el Campesino” y Gustavo Durán Martínez, así como los profesionales españoles teniente coronel Recio, comandantes Sabio, Gallo, Palacios y Fernández Navarro, y los capitanes Zulueta y Galán. El general Miaja no se resigna a la derrota y efectúa un ataque el día 11 filtrando sus fuerzas entre Las Rozas y Villanueva del Pardillo, pero la situación queda restablecida cinco días después. El 19 tras un golpe de sorpresa, la Brigada de Líster se apodera del Cerro Rojo (antes llamado el Cerro de los Ángeles).

Resumen

Avance sobre Madrid. Iniciativa Nacional.

Finalidad: Conseguir la victoria por el efecto político de ocupar la capital.

Objetivo: Atacar Madrid con las columnas del Sur.

Plan: El único posible con tan escasas fuerzas: cubrir el flanco izquierdo en la frontera portuguesa y atacar por la zona menos guarnecida, afrontando el riesgo del obstáculo natural del Manzanares.

Características: Extraordinaria velocidad y esfuerzo de las columnas.

Duración: Del 4 de agosto al 8 de noviembre de 1936.

Resultados: Fracasa la finalidad principal. Queda una flecha clavada en el Sur de Madrid y una zona conquistada desde Sevilla a la capital.

Defensa de Madrid. Iniciativa republicana.

Finalidad: Frenar ante Madrid el avance de las columnas del Sur, con el lema “No pasarán”. Objetivo: Hacer entrar en acción fuerzas de choque frescas contra las atacantes fatigadas, para destruirlas y liberar la capital.

Características: Las Brigadas Internacionales entran en fuego. Primeros combates aéreos. Duración: Desde el 8 de noviembre de 1936 hasta el 6 de febrero de 1937. (El 23 de noviembre tiene lugar en Leganés una importante reunión presidida por el Generalísimo a la que acuden los generales Mola, Saliquet y Varela, con sus jefes de Estado Mayor. Allí se decide desistir del ataque frontal a Madrid).

Resultados: Conseguido el objetivo. Los nacionales “no pasaron” hasta el día de la Victoria.

Batalla de Brunete.

Tras la batalla de Guadalajara, los rojos reanudan la ofensiva con éxito en este frente. En los meses de abril y mayo de 1937, al mismo tiempo que se apoderan del Santuario de Nuestra Señora de la Cabeza, presionan en dirección hacia Fuenteovejuna y Peñarroya. En junio, el general Miaja participa al Gobierno de Valencia su propósito de lanzar una ofensiva en el sector noroeste de Madrid, entre El Escorial y Toledo. El ataque se desencadena el 5 de julio de 1937, y en los primeros días los rojos tienen una ventaja indudable: desbordan los puestos avanzados de los nacionales y consiguen cercar hasta el sur de Brunete, una bolsa profunda que se detiene a cinco kilómetros de Navalcarnero.

La operación, inteligentemente preparada por Vicente Rojo, asistido del asesor soviético Rodion Malinovski, permitía emplear el grueso de sus fuerzas sin alejarlas demasiado de la que se consideraba como zona que había que defender prioritariamente: Madrid. Las fuerzas rojas, alrededor de 50.000 hombres, las mandaba el general José Miaja y estaban integradas por el V Cuerpo de Ejército, a las órdenes de Juan Modesto Guilloto (compuesto, a su vez, por las divisiones 11, 35 y 46, cuyos jefes eran Líster, Walter y Valentín González “el Campesino”, respectivamente), el XVIII, a cuyo frente figuraba Jurado y, posteriormente, Casado (con las divisiones 10, 15 y 34, a las órdenes de Enciso, Gal y Galán) y, en reserva, las divisiones 45 (Kleber) y 69 (Gustavo Durán Martínez), y cuatro brigadas más.

En un golpe de audacia, las fuerzas de Líster ocuparon y rebasaron Brunete, y dos días después entraban en Quijorna y posteriormente en Villanueva del Pardillo y en Villafranca del Castillo, llegando con sus avanzadillas a las afueras de Boadilla, donde tenía instalado su puesto de mando el general Varela. Para socorrer a los nacionales llegó la aviación de Vizcaya, y las pérdidas de los marxistas se anunciaron como muy elevadas.

A partir de aquí el ejército nacional reaccionó rápida y eficazmente, y las divisiones 4, 5, 12, 13 y 150, mandadas, respectivamente, por Alonso Vega, Juan Bautista Sánchez, Asensio, Barrón y Sáenz de Buruaga, más la Legión Cóndor alemana, hizo girar 180 grados el rumbo de la operación. El 18 de julio de 1937, bajo un sol implacable, el general Varela lanzó tres ataques simultáneos para reducir el saliente de Brunete. Franco se trasladó al teatro de guerra, donde permaneció una semana dirigiendo el ataque con su Estado Mayor. El día 20, con la toma de la cota 660 dio virtualmente la victoria a las tropas nacionales. El 24 de julio de 1937 entraba en Brunete los nacionales. La batalla de Brunete fue una tremenda matanza, una de las más feroces y costosas batallas de la Cruzada de Liberación. Se calcula que Miaja perdió cerca de 30.000 hombres y la XIV Brigada Internacional dejó sobre el campo de batalla el 80 por 100 de sus efectivos. Un número considerable de aviones derribados y una cincuentena de carros rusos fueron apresados.

Resumen

Brunete. Iniciativa republicana.

Finalidad: Salvar Santander, atrayendo a Brunete las fuerzas nacionales que operaban en la zona cantábrica.

Objetivo: Ocupar Navalcarnero para envolver por el Sur y por el Oeste a los sitiadores de Madrid y aniquilarlos.

Características: Plan excelente, pero ejecutado con poca decisión. Empleo continuado y profuso del arma aérea. La organización roja cuenta ya, antes que la nacional, con Cuerpos de Ejército. Modelo de batalla moderna en varios aspectos.

Duración: Del 6 al 25 de julio de 1937 (veinte días).

Resultados: Se consigue la finalidad perseguida, retrasando cinco semanas el ataque nacional a Santander. No se logra el objetivo, ya que la contraofensiva nacional desalojó al enemigo del territorio ocupado, excepto una zona de 20 kilómetros de ancho por cinco de profundidad, que quedaría en su poder hasta el fin de la guerra.

Resumen de la Batalla del Ebro

En el verano de 1938, ya había transcurrido un año de Guerra Civil Española, la situación para los ejércitos de la II República era sumamente comprometida. El desastre de  Teruel y la posterior ofensiva de los ejércitos de Franco había dividido en dos la zona republicana en Vinaroz. Había que tomar una decisión rápidamente, porque en el verano de 1938, todavía se  pensaba en la victoria de los republicanos. Una vez caída Teruel y dividido el territorio republicano, Negrín necesitaba un gesto, tenían que animar a sus tropas y países aliados. Las pérdidas de las batalla de Teruel y de la Alfambra habían sido importantes, pero todavía quedaban efectivos y el presidente Negrín y su Jefe de Alto Estado Mayor, el general Rojo, decidieron tomar la iniciativa y presentar batalla a los nacionales en un frente establecido por el rio Ebro, desde Mequinenza hasta Amposta: la Batalla del Ebro.

El general Vicente Rojo reunión a sus mejores comandantes comunistas del mítico 5º Regimiento, ahora en el Ejército del Ebro, Modesto, Lister, Tagüeña y Etelvino Vega y les entregó las órdenes, había que avanzar, había que lanzar un gigantesca ofensiva al sur del Ebro y tomar Gandesa. Todo se va a decidir en la batalla del Ebro, Negrín estaba dispuesto a arriesgarlo todo. La república iba a poner en juego durante la batalla del Ebro una inmensidad de medios y soldados, iba a tener lugar la mayor batalla que jamás ha ocurrido en territorio español. Cerca de 200.000 soldados se iban a enfrentar en una terrible batallas de desgaste, se contaba con las mejores divisiones de los dos ejércitos. La batalla del Ebro se considera la batalla más transcendente de la Guerra Civil Española.

Los republicanos fracasaron finalmente en su ofensiva y antes que todo fuera peor, decidieron retirarse y repasar el Ebro por donde había iniciado la ofensiva. Cuando las tropas de Lister abandona la orilla derecha del Ebro, cubierto por las divisiones de Tagüeña, la imagen es dantesca, ya era evidente que se perdía la Guerra Civil y también la II República. La batalla del Ebro, fue mucho más que una simple ofensiva del Ejército del Ebro sobre el Cuerpo de Ejército Marroquí del general Yagüe.

Los recursos que perdieron los republicanos en la batalla del Ebro, ya nunca se volvería a recuperarse. Después del Ebro, los republicanos retrocederían ante las tropas nacionales hasta su rendición final, ya nunca más volverían a tomar la iniciativa. La derrota del ejército republicano en la batalla del Ebro verificaba el final de la Guerra Civil. Con excepción de Negrín, ya muchos miembros del gobierno vieron inutil continuar con el horror de la guerra civil. Azaña, Besteriro, Prieto, Rojo, etc., después de la Batalla del Ebro, consideraron absolutamente absurdo estender la guerra civil con la intencióno irreal de enlazala con la II Guerra Mundial.

Sobre el terreno quedaron cerca de 100.000 bajas, la mitad de cada ejército, 15.000 muertos diseminados por todo el campo de batalla. Imágenes sobrecogedoras, aviones derribados, tanques destruidos. La batalla del Ebro, pasará a la historia como la mayor y más sangrienta batalla de la Historia de España.

El mayor horror de toda la Historia de España, su Guerra Civil, con 300.000 muertos; y en el recuerdo de todos los españoles la Batalla del Ebro, ese 25 de julio de 1938 cuando dos inmensos ejércitos de Negrín y Franco lucharon, chocaron y murieron.

Se denomina batalla del Ebro, a la que tuvo lugar durante la Guerra Civil Española, entre el 25 de julio y el 16 de noviembre de 1938,  en el  tramo del valle  del rio Ebro comprendido entre Amposta, en la provincia de Tarragona   y Mequinenza, en la zona occidental de la provincia de Zaragoza. Esto supone un frente de más de 60 kilómetros.

VICENTE ROJO Y FRANCO

La Batalla del Ebro fue la más encarnizada de la Guerra Civil española. Franco se vio sorprendido por la maniobra de Vicente Rojo, cuando sus Cuerpos de Ejército estaban a punto del intentar la toma de Valencia. La ofensiva la iba a realizar el Ejército del Ebro, evolución del famoso Quinto Regimiento comunista. Su jefe, Modesto, era comunista, lo mismo que sus jefes de cuerpo Lister y Tagüeña, sus jefes de división y brigada y la mayoría de sus mandos y tropa.

Se inicio con un ataque de unos 100.000 del Ejército Popular de La República Española, desde la orilla norte del rio contra 90.000 efectivos del ejército nacional. Aunque el ejército republicano consiguió cruzar el rio, no logró   los  objetivos planificados y fue  rápidamente controlado en su avance y fijado al terreno por los nacionales antes de conquistar Gandesa. 

El jefe del sector nacional, general Yagüe, logró contener el ataque inicial gracias a la división 13 de Barrón. Dando tiempo a la llegada de refuerzo desde otros sectores. Franco decide presentar la batalla  que Vicente Rojo ha elegido.  Los dos ataque de diversión, al norte y al sur, son fácilmente neutralizados; pero no así el ataque principal. Franco diseñó una tremenda batalla de desgaste, tenía encerrado a lo mejor del ejército de la República y quería destruirle.

El objetivo de los republicanos era derrotar al ejército nacional o al menos prolongar la guerra civil para conectarla con una futura segunda guerra mundial. Sin embargo las intenciones del gobierno del Frente Popular fracasaron.

Después de 4 meses de lucha, las tropas republicanas volvieron a cruzar el río Ebro ahora ya replegándose hacia Cataluña. Se esfumaba así la última oportunidad del Frente Popular de alargar el conflicto y quizás ganar la Guerra Civil Española.  Después de esta importante derrota, el destino final de la II República Española estaba definitivamente marcado.  

LAS CONSECUENCIAS DE LA GUERRA CIVIL

Consecuencias demográficas

Se han dado cifras muy dispares al cuantificar las pérdidas demográficas que causó el conflicto: los muertos en el frente y por la represión en la guerra y en las posguerra, el hambre, las epidemias; la reducción de la natalidad consiguiente...

Los cálculos más aceptados estiman en quinientos mil muertos, el coste demográfico de la guerra y la posguerra. A ello habría que añadir la cifra de no nacidos y la pérdida de población joven.

Otro elemento clave de las consecuencias demográficas fue el exilio republicano. Ya durante el conflicto, los "niños de la guerra" fueron evacuados a países extranjeros, pero el gran éxodo tuvo lugar en enero y febrero de 1939, consecuencia de la conquista de Cataluña.

En conjunto, se calcula que hubo unos cuatrocientos cincuenta mil exiliados. Aunque algunos fueron retornando durante la dictadura, muchos no volvieron a España o esperaron a la muerte del dictador en 1975.

Consecuencias económicas

La guerra fue una verdadera catástrofe económica. Un dato revela su magnitud: la renta nacional y per cápita no recuperará el nivel de 1936 hasta la década de 1950.

Estos fueron los principales elementos de esa catástrofe económica:

Destrucción del tejido industrial del país, lo que llevó a la vuelta en los años cuarenta a una economía básicamente agraria.

Destrucción de viviendas, se calculan en unas doscientas cincuenta mil, comunicaciones, infraestructuras...

Aumento de la deuda externa y pérdida de las reservas de oro del Banco de España, usadas por el gobierno de la República para pagar la ayuda soviética.

Consecuencias sociales

El resultado de la guerra trajo consigo la recuperación de la hegemonía económica y social por parte de la oligarquía terrateniente, industrial y financiera. Paralelamente, se dio la pérdida de todos los derechos adquiridos por los trabajadores.

Consecuencias morales

La guerra supuso una verdadera fractura moral del país. Varias generaciones marcadas por el sufrimiento de la guerra y la represión de la larga posguerra.

El régimen de Franco nunca buscó la reconciliación de los españoles y siempre recordó y celebró su origen bélico. Las heridas de la guerra civil perduraron durante decenios y la persecución y represión de los vencidos por una rasgo clave del franquismo.

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