Historias de Terror Cortas, Reales y Verdaderas

Historias de Terror

The Rake

Hace tres años, acababa de regresar de un viaje a las Cataratas del Niágara con mi familia por el 4 de julio. Estábamos exhaustos luego de conducir todo el día, así que pusimos a los niños en la cama y nos fuimos a dormir.

A las 4 de la madrugada me desperté con la idea de que mi esposo había ido al baño. Aproveché para jalar las sábanas, despertándolo en el proceso. Me disculpé y le dije que pensé que se había levantado de la cama. Cuando me vio, suspiró y retiró sus pies de la orilla de la cama tan rápido que su rodilla casi me tiró. Me agarró y no dijo nada.

Luego de ajustar mi vista a la oscuridad por medio segundo, fui capaz de distinguir qué causó la reacción. Al pie de la cama, sentado y viéndonos de lejos, había lo que pensé era un hombre desnudo, o un gran perro sin pelo de algún tipo. Su posición era perturbadora y no natural, como si hubiese sido arrollado por un auto. Por alguna razón no sentí miedo, sino preocupación por su condición. Hasta ese momento, estaba bajo la asunción de que debíamos ayudarlo.


Mi esposo estaba viendo sobre su brazo y la rodilla, doblado en posición fetal, ocasionalmente viéndome antes de regresar la mirada a la criatura.

En un movimiento veloz se arrastró hacia nosotros, a un lado de la cama, hasta quedar a poco menos de 30 cm. del rostro de mi esposo. Por medio minuto, en silencio, sólo le observó.

Se levantó y corrió al pasillo en dirección a los cuartos de los niños. Grité y fui tras él para detenerlo y evitar que los hiriera. Cuando llegué al pasillo, la tenue iluminación era suficiente como para verlo agachado y jorobado a unos 6 metros a la distancia. Estaba cubierto de sangre y tenía a Clara, mi hija. La arrojó bruscamente y huyó por las escaleras cuando mi esposo le disparó con su arma desde la habitación.

Una gran herida atravesaba el pecho de Clara y con esfuerzo se mantenía consciente. Llamamos por una ambulancia e inútilmente tratamos de detener el sangrado, mi esposo maldecía iracundo y lloraba descontrolado. Presenciar la vida de mi hija terminar me tenía paralizada y escuchar los lamentos de su hermano menor ante la situación fue insoportable. Sin darme mucha oportunidad de reaccionar mi esposo tomó a Clara y la llevó a la camioneta, desesperado por la ausencia de ayuda la encaminó él mismo al hospital. Estoy segura de haberla escuchado decir “Él es el Rastrillo” en una débil y esforzada voz previo a que dejara la habitación.

Impactaron violentamente contra un camión de carga que frecuentaba la ruta de nuestro pueblo, murieron casi instantáneamente.

En pocos días la noticia se movilizó entre los medios. La policía ayudó un poco al principio, y el diario local tomó mucho interés en ello. Pero nada jamás fue publicado, y la nota en las noticias locales nunca tuvo seguimiento.

Por varios meses, mi hijo Justin y yo nos quedamos en un hotel cercano a casa de mis padres. Después de que decidimos regresar a casa, comencé a buscar respuestas por mí misma. Eventualmente encontré a un hombre en otra ciudad vecina que tuvo una historia similar. Entramos en contacto y comenzamos a hablar de lo ocurrido. Conocía a otras dos personas que habían visto a la criatura que ahora llamaremos El Rastrillo, en Nueva York.

Nos tomó a los cuatro casi dos años de buscar en Internet y escribir cartas para obtener una pequeña colección de lo que creíamos que eran registros del Rastrillo. Ninguno dio detalles, historia o seguimiento. Una jornada involucraba a la criatura en sus primeras 3 páginas, y nunca mencionada de nuevo. El diario de un marinero no explicaba nada del encuentro, diciendo que el Rastrillo le ordenó largarse del puerto en el que recientemente había desembarcado. Fue la última entrada del diario.

Eran varias las instancias en que la visita de la criatura era una en una serie de visitas a la misma persona. Muchos daban registro de que el Rastrillo les habló, mi hija incluida en esos testigos. Esto nos llevó a preguntarnos si el Rastrillo nos había visitado anteriormente antes del último encuentro.

Puse una grabadora digital cerca a mi cama y la dejé corriendo por toda la noche, cada noche, por dos semanas. Oía con interés los sonidos cada día que me despertaba. Para terminar con la segunda semana, estaba acostumbrada al sonido usual del sueño mientras oía el audio a 8 veces la velocidad normal, por cerca de una hora diaria.

Casi a finales del primer mes oí algo diferente. Una voz aguda, estridente. Era el Rastrillo. No pude escucharlo lo suficiente como para transcribirlo. No había dejado que nadie lo oyera. Todo lo que sé, es que lo oí antes, y ahora sé que habló cuando estaba sentado frente a mi esposo. No recuerdo haberlo oído en ese momento, pero, por alguna razón, la voz en la grabadora inmediatamente me lleva de vuelta a ese momento.

Los pensamientos que debieron pasar por la mente de mi hija me hicieron enojar.

No he visto al Rastrillo desde que arruinó mi vida, pero sé que ha estado en mi habitación mientras dormía. Sé y temo que un día despertaré para verlo de pie, con su mirada vacía puesta sobre mí.

Terror en la Ruta

Una de las historias populares más macabras entre las creadas en el siglo XX es la que hace referencia a un conductor que en el último momento decide no recoger a un viajante. Generalmente el narrador comienza diciendo: "¿Te conté lo que le ocurrió a mi amigo? Bueno, de hecho fue a su primo...” Y continúa así: Un automovilista va conduciendo por una carretera, cuando ve a un hombre joven con el pulgar levantado. Al disminuir la velocidad para recogerlo queda consternado al ver que detrás de los arbustos o árboles de la carretera asoman dos o tres compañeros suyos.

Considerando quizá que están abusando de su generosidad, o tal vez alarmado ante la posibilidad de que se trate de una banda de ladrones, el conductor decide en el último momento no recogerlos. Los viajantes se encuentran ya bastante cerca del coche, pero el conductor pisa el acelerador a fondo y se aleja tan rápido como puede. Los viajantes parecen enojados: gritan y chillan mientras el automovilista se aleja. Feliz de haber logrado escapar a tiempo, el conductor sigue su camino unos kilómetros sin detenerse. Después, al comprobar que el indicador de la gasolina se acerca al cero, se para en una estación de servicio.

Acto seguido observa que el operario de la estación de servicio, lívido como la cera, se aparta horrorizado del coche. El conductor baja para ver qué es lo que pasa, y queda paralizado de horror ante lo que ven sus ojos.

Atrapados en una de las manijas de la puerta hay cuatro dedos humanos.

¿Mi amigo un demonio?

Estábamos jugando a la Ouija con Daniela y Rigoberto, eran las 12:48 y ya habíamos terminado la sesión. Fueron largos 48 minutos de escalofrío y curiosidad, nada interesante, nada. En absoluto, no pasó nada.

Martes 9 de diciembre del 2006:

Rigoberto es un terco, me ha insistido a que juguemos a la Ouija otra vez. Le pregunté a Daniela y me dijo que le daba lo mismo, así que en la noche nos juntaríamos otra vez.

12:00 Pm en la noche:

Mis padres habían salido, mi casa estaba oscura, sólo unas cuantas velas nos daban luz. La noche era perfecta para la sesión de Ouija. Empezamos a hacer los rituales habituales cuando empezó a pasar el tiempo. Abrimos la puerta del más allá y Rigoberto se puso raro. ¿Qué le pasa?, le pregunté a Daniela. Rigoberto se paró y dijo que iba a vomitar al baño, pues estaba mareado. Empezamos a sentir una voz del baño, parece que estaba hablando solo. Tuve que ir a verlo y cuando entré, lo ví hablando con el espejo. ¿Que te pasa?, pareces un loco.

Nada, estaba viéndome al espejo, parece que estoy pálido.

¿Y porque hablabas?

Yo no he hablado.

No había caso, me porfiaba que según él, no estaba hablando. Tuve que callar.

Miércoles 10 de diciembre del 2006:

Hoy fue un día muy malo, Primero cuando estábamos en clase, Rigoberto empezó a portarse mal y la profesora le llamó la atención. Rigoberto la insultó y lo suspendieron. No sé qué le pasa, está muy raro últimamente.

Jueves 11 de diciembre de 2006:

He traído el diario al colegio, estoy espiando a Rigoberto, está portándose muy raro. Es recreo. Lo estoy siguiendo, por ahora solo va caminando por el pasillo. Hey, ha chocado con alguien, están discutiendo, parece que va a haber pelea. Después sigo escribiendo, diario, han tocado la campana.

Segundo recreo:

Se ha armado la pelea, los alumnos han formado un círculo y Rigoberto y el otro tipo van a pelear. Oh!, el tipo le ha dado un puñetazo a Rigoberto... ¡Qué!, Rigoberto ha sacado una cuchilla, ¿Que?...

El 24 de Agosto, este diario fue encontrado botado por los alrededores del colegio que fue cerrado, estas páginas no alcanzan a contar el desenlace de esta historia, pero yo soy uno de los sobrevivientes de la tragedia. Me llamo Raymundo, y ví todo lo que pasó, asique, He querido escribirlo aquí, pues quiero que el que esté leyendo esto, lo sepa, sepa lo que pasó ese día...

Rigoberto sostenía el cuchillo, y se lo clavó en el cuello al "tipo", después fue matando a todos los del círculo y a los que corrían, los perseguía cuchillo en mano. Yo estaba debajo de la escalera, me había alcanzado a refugiar. Rigoberto también mató a su amigo, el dueño del diario, clavándole el cuchillo en la frente. Después llegaron las autoridades del colegio y asesinó a todos los profesores. El colegio estaba lleno de sangre y cadáveres. Era un verdadero infierno, y ese demonio, ese chico, con el cuchillo en la mano y la camisa del colegio llena de sangre. El director logró sostener del brazo al niño y le arrebató el cuchillo, pero este, corrió hacia los baños, se encerró en una cabina y se suicidó. Nadie sabe qué le pasó a Rigoberto, porqué, ese cambio tan repentino. Pero después de yo haber leído tantas veces este diario, he llegado a la conclusión que la Ouija le hizo mal...

Historias de terror cortas

La casita de los abuelos

Una joven madre y su hijo viajaban por carretera a hasta la casa de la abuela. Desgraciadamente a mitad del camino, el coche sufrió una avería y ya no pudieron encenderlo. La noche les llegó de pronto, y solamente un amable joven se detuvo para ayudarlos. Revisó el auto, pero la luz era escasa, así que les dijo que él iba de visita a casa de sus abuelos, a cinco minutos de ahí, que podían acompañarlo y pasar la noche ahí y al siguiente día, volverían para reparar el auto o remolcarlo a una estación de servicio.

La mujer temía mas quedarse varada en la carretera con su hijo, así que aceptó la propuesta, al llegar a la casa donde un par de ancianitos se mecían en sus sillas y apenas entraron, sonrieron como bienvenida. De inmediato el joven los llevó a su habitación, e intentaron dormir, no tuvieron mucho éxito, porque se escucharon algunos ruidos, y las oraciones del joven en el cuarto contiguo, pidiendo perdón a Dios por sus pecados.

El sueño los venció finalmente, y al despertar por la mañana, no pudieron encontrar a nadie en casa. Pensando que el joven se había adelantado a reparar el auto, fueron corriendo de prisa, pero al llegar solo encontraron un policía que revisaba el coche. Este los interrogó y le contaron lo sucedido.

Fueron hasta aquel lugar para corroborar la historia, y en el camino, el oficial le dijo que dudaba de ellos, porque en esa casa ya no vivía nadie, desde que un par de dulces ancianitos fueron asesinados por su nieto que se colgó en la puerta principal.

La mujer y su hijo se mostraban incrédulos, hasta que vieron con sus propios ojos, que en la puerta de entrada de la casa donde habían pasado la noche, estaba aun colgada la cuerda, donde aquel muchacho se había ahorcado.

Baila, Baila Muñequita

En su lecho de muerte, la señora Armida, llamó a sus tres hijas, para entregar les una pequeña caja musical. Les hizo jurar que la cuidarían más que a su propia vida y que por ningún motivo la abrirían. Cuando la señora falleció, las chicas inmediatamente, tomaron la decisión de esconder la caja. Una vez guardada, reafirmaron el juramento de cumplir el último deseo de su madre con devoción.

Pero no contaban con que la más pequeña, aun no sabía lo que era una promesa, y a escondidas sacó la caja y la abrió. De pronto la música empezó a tocar, y apareció dentro de la caja una pequeña muñequita… que al ritmo de la música se contoneaba, mientras la niña con toda la emoción del mundo le decía: -Baila, baila muñequita, ¡no te detengas!-.

-Baila, baila muñequita…- decía una y otra vez, y la muñequita bailaba con más pasión, pero en cada uno de sus movimientos, un miembro de la familia de la chiquilla, caía muerto de forma fulmínate. –Baila, baila muñequita- continuaba diciendo la niña, hasta que acabó con toda su familia. Estaba la niña triste, pero no porque estuviera sola en el mundo, si no porque la muñequita había parado de bailar…

-Baila, baila muñequita- insistía la pequeña… así que la muñequita bailó por última vez… vueltas y vueltas con gran soltura como si las dos fueran una, el rostro de la muñequita mostraba una mueca de maldad y la niña antes de que pudiera asustarse, terminó atrapada en la caja, donde antes vivió la muñequita.

Se hizo un escándalo en aquella casa, pues las personas que estaban visitando a la moribunda, vieron como cada uno de los miembros de la familia, morían de forma repentina, justo frente sus ojos, la única solución que encontraron fue atribuirle todo a la caja musical que encontraron en la cocina y que un costado decía: “Maldito aquel que abra esta caja, y disfrute de su música”.

Abrazo Maldito

El joven padre estaba no sabía cómo darle a su hijo pequeño la noticia de que su madre había sufrido un accidente; estaba parado en la entrada de su casa, y el niño le abrió diciendo: –Papi, mami vino y me dijo que se fue al cielo y que tenía que cuidarte-. El hombre se echa a llorar, minutos después reacciona, empezando por llamar al hospital y después cuestionando al pequeño. Hablan por horas y niño insiste en que su madre le comunico de su muerte y él no puede creer que sea verdad. Después de mucho rato se da por vencido, se recuesta, y entre sueños escucha un murmullo que le dice –Siempre estaré aquí para cuidarlos-.

Se levanta muy impresionado, corre a la habitación del pequeño y ve una que una manta lo arropa suavemente… a punto estaba de gritar, pero su cuerpo se quedó inmóvil al sentir que unas manos más frías que los bloques de hielo con que solían trabajar, lo rodeaban por completo cortando su respiración.

-Estaré siempre contigo- le decía aquella aparición y se pegaba a su cuerpo como si quisiera fundirse en uno, el hombre permanecía inmóvil y al mismo tiempo estaba a punto de caer por las fuerzas que le robaba el miedo… transcurridos unos minutos, con toda la dificultad del mundo el sujeto logra articular un par de palabras… que valía mejor no haber dicho: -Pero si mi esposa no ha muerto, ¿Quién eres tú?-. El espectro se suelta del cuerpo, sin revelar su rostro y se marcha diciendo –Quien siempre ha estado contigo y va tras de ti, a todo lugar en todo momento-.

Pedro el raro

La gente solía decir que Pedrito era un chico raro, pues mientras todos los niños del barrio disfrutaban de salir por las tardes a jugar en las calles, él se sentaba solo en un terreno apartado, mirando fijamente hacia una esquina. Algunas veces se le podía ver tan contento, que la gente comenzaba a asustarse, pues creían que el niño se estaba volviendo loco y le insistían a su padre que lo llevara al “loquero”, el pobre hombre viudo creía que la carga de cuidar de sus cinco hijos pequeños era demasiada e ignoraba por completo cualquier comentario.

Pero todo empeoró cuando Pedrito, se escapaba por las noches, para ir a aquel terreno solitario. Los vecinos sabían que estaba ahí, pues sus carcajadas asustaban a más de uno. Cansados, de ser despertados en la madrugada, decidieron un día seguirlo, escondiéndose entre los árboles para espiarlo, descubrieron un terrible secreto… con la escasa luz que llegaba de los alrededores, varios de los vecinos vieron una pequeña sombra, que se levantaba en el rincón más lejano, y se arrastraba cual serpiente al asecho hasta donde estaba Pedrito, le cuchicheaba un par de cosas y este no hacía más que reír. Los que estaban espiando se vieron muy confundidos y casi saltaron encima del niño para interrogarlo… esta vez, Pedrito tenía algo que decir: -El es mi amigo Miguel-, les respondió y Pedrito se puso de pie –Me pidió de favor, que me riera todos los días, para que todos ustedes vinieran hasta aquí y el pudiera…- Pedrito cerró los ojos, y detrás de todas aquellas personas una tenebrosa voz llena de ira continuó diciendo: -Para que yo pueda, ¡Vengarme de ustedes por dejarme morir aquel día!- dijo la sombra mientras s expandía como humo bajo sus pies y se les metía entre la piel haciéndolos caer retorciéndose…

Miguel era un pobre niño del barrio que quedó huérfano, y todos aquellos vecinos no le tendieron la mano, dejándolo morir de hambre, y después al sentirse culpables de tan terrible acto, fueron a enterrarlo en aquel terreno solitario.

Historias reales de terror

LAS LUCES

Esta historia me la contó una chica de unos 16 años, y no le sucedió a ella, sino a su madre, una española que emigró a Alemania para buscarse la vida, teniendo que alquilarse una casa con su joven esposo que apenas tenía comodidades.

Eso sí, tenía visitantes misteriosos.

Al principio sólo eran sonidos, rasguños en la almohada que mantenía abrazada mientras trataba de descansar después de tantas horas de trabajo. Le asustó, cierto, pero mantuvo la calma y pensó que era su propio agotamiento el que la hacía tener alucinaciones auditivas. Los rasguños en la cama no son tan inhabituales ¿no?. Muchos los hemos oído. Son visitantes que quieren comunicarnos que “están ahí también, que no estamos solos”.

La joven vivió con esa extraña experiencia unos días y terminó por acostumbrarse, pero una noche ocurrió algo terrible. Estaba tumbada en la cama, descansando, su marido estaba afeitándose en el cuarto de baño, y de pronto unas lucecitas de un tamaño algo mayor que el de las canicas, blancas azuladas y brillantes, comenzaron a salir de debajo de la cama.

Subieron, ascendieron hasta ponerse encima de ella, y bailaron. La chica las miró estupefacta, tragó saliva y respiró profundamente. ¿Qué era aquello? ¿De dónde salían? ¿Qué las producía?

Y entonces las luces comenzaron a bailar con movimientos más bruscos, y una poderosa fuerza salió de ellas. La chica notó esa fuerza en puñetazos y patadas invisibles que la golpeaban y estampaban contra las paredes… Gritó, y su marido se cortó con la gillette. Cuando él iba a salir la puerta del cuarto de baño se cerró de golpe.

La joven española emigrante sufrió una paliza que la dejó destrozada, y no pudo hacer una denuncia, porque en qué comisaría de policía iban a escuchar semejante historia sin echarse a reir.

No volvió a ocurrirle porque volvió a España entre lágrimas y terrores.

Durante años jamás contó la historia, y cuando lo hizo, fue para contárselo a su hija -mi confidente-, quien me confesó que su madre no podía hablar del tema sin echarse a llorar y a temblar.

No es para menos. Su hija también lloró al contármelo.

El loco

Los padres de Lucia y Maria van a una cena de negocios y las dos tienen que quedarse solas en su casa. Estan aburridas, no hay nada en la tele y deciden poner la radio: Interrumpimos la emision para ofrecerles un boletin informativo de ultima hora: Un psicopata se ha escapado del manicomio. Es muy peligroso, asi que les recomendamos que tomen precauciones.'

Maria y Lucia, ya cansadas, se van a dormir, pero se olvidan de algo muy importante: cerrar muy bien las ventanas. Se van a la cama sin ninguna preocupacion, puesto que no le hicieron mucho caso a las noticias.

Por la noche las desperto un suave golpeo, pero no le dieron mucha importancia. Se pusieron a leer y el ruido se hacia cada vez mas fuerte. De repente, Maria oyo un fuerte grito en la habitacion de Lucia y el ruido desaparecio a lo lejos. Maria se acerco a ver que pasaba y encontro a su hermana pequena degollada debajo de la cama con una nota que decia: 'Si se hubiese subido al armario no le habria pasado nada'.

Desde entonces se dice, o por lo menos eso he oido, que el loco sigue suelto buscando la siguiente victima.

La mecedora

Yo vivo en una residencia de estudiantes y las habitaciones no es que tengan muchos muebles: dos camas, dos armarios y una mesa con dos sillas. Como podreis comprobar no vivo solo; comparto mi habitacion con mi amigo Sergio. Pues debido a esa escasez de muebles y de la amplitud de la habitacion, un dia que volviamos de la biblioteca, vimos en un contenedor una mecedora vieja que estaba chulisima y la pillamos. Estuvimos meciendonos en la calle y decidimos subirla a la habitacion. No fue nada facil hacerlo y sortear al bedel, que un tio tope brasas. Pero con mucho arte lo conseguimos y dejamos la mecedora en una esquina de la habitacion y fue acumulando ropa encima de ella.

Pero una semana despues, una noche que estaba estudiando, me parecio ver que la mecedora se movia, era imposible, al principio pense que seria una corriente de aire o algo, y me levante a cerrar las ventanas, pero las ventanas ya estaban cerradas. Pense: 'seran imaginaciones mias', y me volvi a sentar en la mesa, pero por el rabillo del ojo no podia dejar de mirar la mecedora. Cuando me olvide del incidente, oi un ruido y me gire. Las cazadoras que estaban en el respaldo de la mecedora habian caido al suelo. Me levante a recogerlas y vi, esta vez muy claramente, que la mecedora se movia, y no era por la inercia de haberse caido las chupas. Se movia muy despacio, como si alguien se estuviese meciendo. Baje corriendo a la sala de TV a avisar a Sergio.

Subio conmigo mientras repetia que serian cosas mias, y cuando abrimos la puerta vimos la mecedora tirada en el suelo, de lado, y todas las ropas desperdigadas por la habitacion. Sergio dijo que vale, que muy buena la broma pero que no se creia nada. Levante la mecedora y volvio a poner la ropa encima. Y nos fuimos a la cama. Yo no podia quitar ojo a la mecedora pero finalmente me dormi. De pronto me desperto un ruido, como un roce de algo con algo, y encendi la luz, Sergio se desperto. 'Tio apaga la luz', dijo.'¿No oyes un ruido?', le dije nervioso. 'No, solo te oigo a ti dando la brasa', grito.

Finalmente escucho el ruido. Era como un roce. Buscamos de donde venia y vimos el llavero metalico que colgaba de la llave de la cerradura balanceandose y pegando con la puerta de madera. Estabamos de miedo mirandolo y de pronto empezo a dar vueltas como loco, en circulo, como cuando das vueltas a una cadena alrededor de un dedo, pero lo hacia solo y alrededor de la llave que estaba encajada en la cerradura.

Sergio se enojado. Que ya valia, que muy buena la bromita; y yo: 'tio, que no soy yo'. Y de repente empezo a cerrarse con dos vueltas la cerradura. Clack, clack. Clack, clack... Sergio dijo 'Vale, ya se, estan cerrando con otra llave por fuera', y se giro como diciendo 'aqui ya esta todo arreglado', pero me empujo para que me girase. La mecedora estaba moviendose suavemente.

Estabamos que se nos salia el corazon por la boca. El ruido de la llave paro y el llavero se dejo de mover, pero la mecedora se empezo a agitar de forma violenta..., mas y mas, mas y mas..., hasta que se volco. Sergio abrio la puerta y salimos al pasillo. Decidimos no contarlo. Despues de un rato deambulando por ahi volvimos a la habitacion, cogimos la mecedora y la bajamos al patio.

Historias de terror verdaderas

El Almanaque

Un hombre se encontraba parado a la orilla de la carretera en medio de una oscura y tenebrosa noche mientras caí un fuerte aguacero.

Esto sucedió en la madrugada de un 31 de octubre, más o menos a dos kilómetros del cruce de una vía que conducía a dos pequeños poblados.

Pasaba el tiempo y el clima se ponía peor, y aún así, los pocos vehículos que transitaban a esa hora no le paraban a pesar de las señas que, en este sentido, les hacía.

La lluvia era tan fuerte que apenas nuestro personaje alcanzaba a ver a unos tres metros de distancia. De repente vio cómo un extraño coche se acercaba lentamente y al final se detuvo.

El hombre, sin dudarlo por lo precario de la situación, se subió al coche y cerró la puerta. Volteó su mirada y se dio cuenta, con asombro, que nadie lo iba manejando.

El coche, entonces, arrancó suave y pausadamente. Aterrorizado, miró hacia la carretera y se dio cuenta, con horror desorbitante, que adelante había una curva. Mojado hasta los huesos, se siente totalmente congelado.

Asustado, comienza a rezar e implorar por su salvación al advertir su trágico destino.

El hombre no ha terminado de salir de su espanto, cuando justo antes de llegar a la curva, una mano tenebrosa entra por la ventana del conductor y mueve el volante lentamente pero con firmeza.

Paralizado del terror y sin aliento, medio cierra sus ojos, se aferra con todas sus fuerzas al asiento e inmóvil e impotente ve como sucedía la misma situación en cada curva del tenebroso y horrible camino, mientras la tormenta aumentaba su fuerza.

Nuestro asustado personaje, sacando fuerzas de donde ya no quedaban, se baja del coche y se va corriendo hacie el pueblo más cercano. Deambulando, todo empapado, se dirige hacia una fonda que se percibe a lo lejos.

Entra en ella, y a pesar de la hora, pide dos "tragos dobles" de aguardiente y, temblando aún, les empieza a contar a los pocos contertulios que hay, la horrible experiencia por la que acababa de pesar y presenciar.

Se hizo un silencio casi sepulcral ante el asombro de todos los presentes. El miedo asomaba por todos los rincones del lugar.

A la media hora llegan dos hombres totalmente mojados, y molesto le dice uno al otro: "Mira Juan: allá está el HP que se subió al coche cuando lo veníamos empujando".

La verdadera historia de Veronica

Esto sucedió en el siglo XIX en España, en un pueblo cerca de Madrid.

Eran dos hermanas: Verónica y Begoña.

Las dos se parecían físicamente, pero en cuanto a su personalidad eran totalmente opuestas. Mientras que Verónica era una muchacha llena de virtudes, su hermana era todo lo contrario. Begoña era mezquina, malvada y envidiosa, muy envidiosa.

Cierto era que existía cierta predilección de los padres de ambas hacia Verónica. No se cansaban de elogiar a su hija Verónica ante las visitas, que si era muy hacendosa con la costura, que si rezaba mucho, que si era caritativa con los desfavorecidos, que pronto encontraría marido, etc, etc...

Mientras, detrás de la puerta, escuchaba Begoña cómo elogiaban a su hermana y de ella no decían nada. Así, con el tiempo, el odio de Begoña hacia Verónica fue creciendo.

Como todas las noches Verónica estaba leyendo la Biblia sentada en el sillón del cuarto de costura, y su hermana Begoña entró sigilosamente, deslizó su mano hasta el cajón de la mesa de la máquina de coser, y cogió unas tijeras.

Se acercó por detrás del sillón sin que Verónica se percatase, levantó la mano empuñando las tijeras que brillaron maléficamente, y en un segundo....

¡CHASS!, ¡CHASS!, ¡CHASS!, ¡CHASS!, ¡CHASS!,

Cinco veces las clavó en el blanco cuello de su inocente hermana.

La Biblia cayó al suelo, con las páginas llenas de sangre.

El libro cayó abierto, justo en el capítulo en que Caín mataba a Abel.

También cayó la dulce e inerte mano de Verónica a un costado del sillón.

La desgracia cayó sobre la familia. Begoña se quitó la vida estrangulándose con el cordón de su corsé en un manicomio, acosada por su imaginación que la hacía ver continuamente a su hermana muerta reprochando su vil acto.

El lago Bodom

Junio de 1960. Lago Bodom, en Finlandia, muy cerca de la capital Helsinki.

Un buen día, cuatro jóvenes (dos chicos de dieciocho años y dos chicas de quince) decidieron ir a pasar una noche al camping que se encontraba alrededor del lago Bodom. Esa noche sería la última para tres de ellos.

Durante la noche el grupo es atacado por un misterioso personage que ataca al grupo entero. Uno de los chicos, Nils Gustafsson, logra escapar, aunque con mucha dificultad, de la tienda de campaña mientras que sus amigos estaban siendo masacrados. Corrió hasta a pedir ayuda pero ya era tarde. Nils contó a la policía que el hombre que les atacó tenía una luz roja en sus ojos.

El asesino del grupo se ensaño con ellos y los mató con una violencia salvaje, ya que los cuerpos fueron reencontrados en lo más hondo del lago, cortados en pedazos. La autopsia reveló que sólo una gran espada o una gran hacha habría podido causar tales cortes en tan poco tiempo. Nils Gustafsson mantuvo un mutismo casi abusivo durante más de un año debido al trauma.

Finalmente, Nils contó que era la misma muerte la que había venido para buscarlos. Nadie pudo desmentir o confirmar sus declaraciones ya que estos chicos eran los únicos que estaban presentes en los alrededores en el momento de los hechos. Fue acusado del homicidio de sus amigos pero fue declarado inocente por falta de pruebas.

Actualmente casi no sabemos nada del crimen ni del asesino: ¿Con qué arma actuó el asesino? ¿Quién era? ¿Por qué lo hizo?¿Tenía verdaderamente una luz roja en sus ojos? El mystere sigue sin resolverse...

Ayúdame

Una familia acababa de mudarse a una nueva casa cerca del bosque. Es una casa más grande, en un pueblecito tranquilo, los niños tienen sitio para jugar y los padres están tranquilos,... Todos estaban muy a gusto en su nuevo hogar. El padre trabajaba y debía ausentarse de casa una semana de cada dos por motivos laborales.

Una noche, mientras la madre leía en el salón, el hijo mayor no estaba en casa, pero la hija más pequeña ya dormía. Cuando Carlos, el hijo mayor, volvió a casa le comentó a su madre algo que le tenía preocupado de hace días. Y es que llevaba días observando a Caterina, su hermana pequeña, mientras dormía y ésta actuaba de forma extraña por la noche desde que se habían mudado a la nueva casa.

La pequeña hablaba durante su sueño y estaba muy agitada y nerviosa. Su madre no había observado nada, pero dijo que empezaría a hacerlo a partir de ese momento. Cuando Carlos se marchaba a la cama, pasó delante de la habitación de su hermana para echar una ojeada, y la vio sentada en la ventana mirando fuera. Enseguida bajó a advertir a su madre. Subieron los dos y al verla su madre pensó que probablemente la niña era sonámbula. La volvió a poner en la cama.

Pero la historia se repitió noche tras noche y la pequeña niña llegaba incluso a salir fuera de la casa para jugar en la parte trasera de la casa, en el patio.

La madre cada vez estaba más inquieta a causa de su comportamiento y decidió hablarlo con su marido a su vuelta. Ambos propusieron llevarla al psiquiatra y que la tratase. Pero la niña continuaba yendo al patio trasero, a intentar hacer en el suelo agujeros con su pala. Cavaba, cavaba... siempre cavaba sin cesar. Y siempre en el mismo sitio. Los padres llegaron a preguntarle a la niña dormida porqué hacía eso. La niña respondía que alguien le pedía ayuda.

Tras varias semanas viendo a su hija cavar diciendo que oía que la llamaban voces pidiendo ayuda, la familia no pudo más y decidieron cavar ellos en el punto dónde cavaba la niña. Cavaban más y más profundo, intentando encontrar una solución. Y la encontraron. En el punto donde la niña cavaba encontraron la solución al porqué Caterina actuaba así. ¡Encontraron un esqueleto de una niña!

Escandalizados, llamaron a profesionales para hacer una búsqueda y supieron que hacía dos años atrás desapareció una niña en el pueblo. La buscaron durante mucho tiempo pero nunca la encontraron. De una sola vez se habían resuelto ambos interrogantes.

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