La Guerra Cristera (Cristiada o Cristeros): En México, Que Fue, Resumen, Causas, Consecuencias, Imágenes

LA GUERRA CRISTERA (CRISTIADA O CRISTEROS)

La Constitución de 1917 retomó las ideas anticlericales de los liberales del siglo XIX. En 1926 se reglamentó el artículo 130 y se restringió la actuación de los católicos en la vida pública.

Los obispos, con el respaldo del papa, expresaron su desacuerdo con la Ley Calles, que suspendía el culto público. En Aguascalientes, el obispo Valdespino explicaba a los feligreses que la falta de cultos solemnes en los templos obedecía al " justo duelo, el luto y la tristeza que debe causarnos, tanto el estado general de la persecución, como el aspecto mismo de nuestros santuarios vacíos".

Los católicos resistieron organizada y pacíficamente. La participación de la mujer fue sobresaliente. Se organizó un boicot económico y social que fue muy apoyado. En Aguascalientes el gobernador Francisco Reyes Barrientos mandó aprehender a los principales líderes del movimiento. El resultado fue la tensión permanente, que terminó en una lucha violenta entre el ejército y numerosos grupos de católicos armados.

En Aguascalientes, el antecedente más importante de la guerra cristera está en los sucesos de San Marcos en 1925, cuando el gobernador José María Elizalde mandó reprimir a los católicos que defendieron el templo de San Marcos. Al ser rechazados, volvieron con numerosos soldados y el saldo fue de varios muertos y decenas de heridos.

La rebelión armada en la entidad estuvo encabezada, entre otros líderes, por José Velasco, que el 1 de noviembre de 1926 se levantó en Calvillo. En este movimiento participaron por lo menos dos sacerdotes, algunas religiosas que escondían a los rebeldes, algunos hacendados y, sobre todo, grupos de clase media y pueblo que manifestaban su oposición al gobierno. En general, en la parte oeste del estado había cristeros, aunque incursionaban en casi toda la entidad y en otros lugares de Zacatecas y Jalisco. Su principal baluarte era la región de Calvillo y la Sierra Fría.

En sus esfuerzos por detener la rebelión, el gobierno recurrió a los agraristas, muchos de los cuales habían recibido tierras durante el gobierno de Elizalde, involucrándolos -en ocasiones en contra de su voluntad- en los combates más arriesgados. Muchos hacendados pactaron con el gobierno. En mayo de 1929 Maximino Ávila Camacho fue recibido en Aguascalientes con un gran banquete y baile en la hacienda de Peñuelas, propiedad de Miguel Dosamantes Rul. No era cierto que los cristeros representaran los intereses de los hacendados, tal como se decía, aunque tampoco estaban de acuerdo con la reforma agraria impulsada por el gobierno federal.

Al terminar la lucha los templos fueron devueltos y el culto reanudado. El nuevo obispo, José de Jesús López y González, designó a un grupo de sacerdotes para que recibieran los edificios, pero pronto volvieron a encontrarse dificultades con el gobierno.

El clero y varios grupos de católicos protestaron pacíficamente por el nuevo cierre de los templos y por la "educación sexual y atea", mientras que los cristeros encabezados por José Velasco y José María Ramírez volvían a levantarse en armas en 1932, a pesar de que la jerarquía eclesiástica prohibía el uso de las armas.

Al llegar Cárdenas a la presidencia el discurso y las medidas anticlericales no cambiaron. En Aguascalientes se clausuró el seminario y a finales de 1935 sólo estaban autorizados para ejercer en todo el estado seis sacerdotes. A principios de 1935 la mayoría de los templos se cerró y se hicieron algunas expropiaciones.

Nuevamente la Iglesia protestó y reforzó sus actividades clandestinas. Las ceremonias religiosas siguieron haciéndose burlando la vigilancia de policías e inspectores, los seminaristas continuaron recibiendo clases a escondidas y en algunos lugares la gente se armó para protestar por el cierre de su templo. Los católicos organizados tuvieron una importante participación en estos años, sobre todo a través de la Acción Católica Mexicana, que protegía a sacerdotes perseguidos, conseguía casas para celebrar ceremonias religiosas, fundaba escuelas católicas en la clandestinidad, catequizaba a jóvenes y niños, e impulsaba a grupos de obreros y obreras católicos, con el propósito de competir con el sindicalismo oficial.

En el campo la situación era más difícil y compleja, pues el reparto de tierras había dividido a los católicos. Algunos campesinos que se beneficiaron con la reforma agraria se opusieron a sacerdotes que amenazaban con excomulgar a todo aquel que aceptara las tierras que daba el gobierno. En cambio, otros campesinos, fieles a sus tradiciones y a los mandatos clericales, reprobaron el tipo de reparto que estaba impulsando el Estado, tal y como sucedió en Calvillo. Los cristeros de Aguascalientes no se oponían al reparto agrario, sino a la forma y el uso político que se estaba haciendo del reparto y de los campesinos. Sin embargo, la lucha tendió a decrecer paulatinamente hasta extinguirse. En agosto de 1935 José Velasco y Plácido Nieto fueron asesinados en pleno centro de la ciudad y para 1936 prácticamente el movimiento cristero había sido eliminado en la entidad.

Para resistir al gobierno, en 1937 muchos habitantes del estado se incorporaron al sinarquismo. La resistencia de los católicos y la tolerancia de los gobiernos de Aguascalientes permitieron que las medidas anticlericales no se llevaran a la práctica. En 1938, la misma política del gobierno federal favoreció esta tendencia hacia la moderación.

CAUSAS DE LA GUERRA CRISTERA

La Guerra Cristera también conocida como Guerra de los Cristeros o Cristiada en Mexico, consistió en una fuerte lucha que duró 3 años (1926-1929) entre el gobierno y la iglesia, de la cual se prohibió hablar durante mucho tiempo en México.

Después de haber tenido la Guerra de Reforma en 1859(durante la cual se enfrentarón dos grupos políticos en México: los conservadores que estaban en contra de la Constitución de 1867 contra los liberales) y la intervención francesa en 1867 los gobernantes de México llevarón a la practica una serie de medidas que proclamaban la separación de la Iglesia con el Estado, al igual que disminuyerón el papel social de la primera ya que se sancionaba a los funcionarios que asistian a actos religiosos, se confiscarón todas las propiedades eclesiásticas y abolierón las órdenes monásticas.

En 1917 se promulgó una nueva Constitución, en la que se estableció una política de intolerancia religiosa, incluyendo la prohibición de la Iglesia para poseer bienes raices, prohibición del culto público fuera de las iglesias, al clero se le negó el derecho a votar, a la prensa religiosa se le prohibió referirse asuntos publicos , la educacion primaria deberia ser laica.

En 1926, el presidente Plutarco Elias Calles promovió instrumentos sobre el artículo 130 de la Constitución para ejercer severos controles, buscando limitar o suprimir la participación de las iglesias en la vida pública.

En señal de duelo, muchas iglesias del país suspendierón el culto y el clero convenció a los feligreses de boicotear al gobierno, como el no pagar impuestos, minimizar el consumo de productos comercializados por el gobierno, no comprar billetes de la Loteria Nacional, ni utilizar vehículos a fin de no comprar gasolina. Esto afectó de forma severa a la economía nacional.

Es un movimiento en legítima defensa de los derechos del pueblo a creer en Dios y a venerarlo; tampoco fue rebelión contra un gobierno legítimo, sino contra un gobierno usurpador, un gobierno impuesto por los grupos anticlericales, un gobierno que el pueblo no había elegido. Y no hubo alzamiento armado ni tácticas de resistencia civil católica hasta que no se agotaron todos los recursos legales y pacíficos posibles.

Los ciudadanos católicos formarón la Liga Nacional para la Defensa de la Libertad Religiosa en marzo de 1925. Su objetivo era lograr la libertad de culto por medios legales, pero fue declarada ilegal y operó de manera clandestina.

En Enero de 1927, las primeras guerrillas, compuestas por campesinos, comenzarón el acopio de armas. Los grupos armados fueron creciendo ante las proclamas de ¡Viva Cristo Rey! y ¡Viva Santa Maria de Guadalupe!. Fue muy eficaz el uso de simbolos religiosos profundamente arraigados en la cultura Mexicana como la Virgen de Guadalupe.

Primero se comenzarón a alzar en los estados de Jalisco, Zacatecas, Guanajuato y Michoacán pero pronto se sumó todo el centro del país. Se estima que en 1929 había 20,000 miembros de las fuerzas cristeras.

Algunas estimaciones ubican el número de personas muertas en un máximo de 250 mil, entre civiles, efectivos de las fuerzas cristeras y del Ejército Mexicano.

RESUMEN LA GUERRA CRISTERA

Durante el gobierno del general Álvaro Obregón (1920-1924), las relaciones entre la Iglesia y el nuevo Estado revolucionario estuvieron marcadas por una creciente tensión y la imposibilidad de llegar a un acuerdo que beneficiara a para ambas partes.

Los choques entre los miembros de la CROM, fuerte organización sindical apoyada por el Gobierno, y miembros de la Acción Católica de la Juventud Mexicana (ACJM) se convirtieron en protagonistas de las noticias. Fue hasta enero de 1923, cuando el delegado apostólico del Vaticano, monseñor Ernesto Philipi, acudió a bendecir el Cerro del Cubilete (en Silao, Guanajuato) donde sería puesto el monumento a Cristo Rey. El gobierno del general Obregón interpretó tal acto como un abierto desafío a la autoridad y un ataque a la Constitución y acordó que se aplicara a Philipi la sanción del artículo 33 de la Constitución, obligándosele a abandonar el país.

El Gobierno ordena que sean aplicados los artículos 130, 27 y 3 constitucionales con todas sus consecuencias por lo que entre 1925 y 1926 salen del país 183 sacerdotes extranjeros y son cerrados 74 conventos. Ante esto la Iglesia mexicana decide oponerse activamente al Estado.

Después de la toma de la Presidencia por parte del general Plutarco Elías Calles, las relaciones entre el gobierno y los católicos estuvieron todavía peores, ya que Calles pensaba que un católico no podía ser un buen ciudadano ya que su primera lealtad es con Roma. Calles proponía un nacionalismo nuevo, en el cual los ciudadanos no deberían lealtad a nadie más que al propio Estado.

Esto sucedió durante el gobierno de Plutarco Elías Calles, su periódo Presidencial fue del 1 de diciembre de 1924 al 30 de noviembre de 1928.

El 27 de enero de 1926 la prensa nacional anunció que el Episcopado encabezado por el arzobispo de México, monseñor José Mora y del Río, pediría la enmienda de algunos artículos de la Constitución. El gobierno puso en manos de la justicia las publicaciones casi amenazadoras y giró circulares a los gobernadores clausurar conventos y escuelas confesionales, determinar el número de religiosos y vigilar que estos fueran mexicanos. La reacción no se hizo esperar: la ACJM (Asociación Católica de Jóvenes Mexicanos) y otras asociaciones religiosas apoyaron a la iglesia y el 7 de marzo de 1926 un grupo de cerca de trescientos sacerdotes pidió la suspensión de las disposiciones restrictivas de la libertad religiosa. Hubo manifestaciones y motines.

El gobierno ordenó de inmediato la expulsión de unos doscientos clérigos extranjeros y clausuró centros de difusión religiosa, conventos, colegios, y asilos: fueron cerradas las capillas anexas a los hospitales y a más de dos mil sacerdotes se les negó el permiso para oficiar. Se reformó al Código Penal en materia de disciplina externa y culto religiosos, obligando esta disposición a mantener informadas a las autoridades de las actividades de cada sacerdote. Como respuesta y con autorización del Vaticano, el Episcopado mexicano dispuso que a partir del 31 de julio se suspendiera el culto en todos los templos de la República.

A partir del 15 de agosto de 1926 se inició en Valparaíso, Zacatecas, una revolución armada que ha sido llamada Rebelión Cristera, y que pronto se generalizó en Jalisco, Guanajuato , Colima, Sinaloa, Aguascalientes, Michoacan, Durango, Querétaro, Oaxaca, Coahuila, San Luis Potosí, Tamaulipas, Tlaxcala, Estado de México y Distrito Federal. La guerra fue terrible, sin cuartel y se prolongó por mucho tiempo. El ejérito tuvo que combatir en dos frentes: contra las partidas cristeras muy audaces y activas, encabezadas por los curas Vega y Pedroza, el general Enrique Goroztieta y Ramón Aguilar y a partir de marzo de 1929 contra una gran parte de las fuerzas militares sublevadas principalmente en Coahuila y Nuevo León con el general José Gonzalo Escobar. Debe establecerse que cristeros y escobaristas no estuvieron unidos.

Finalmente, con la intervención del clero católico norteamericano y del embajador de Estados Unidos en México, Mr. Dwinght W. Morrow y los buenos oficios del arzobispo Leopoldo Ruiz y Flores, a partir del 21 de junio de 1929 el gobierno, sin modificar ley alguna, dictó amnistía general, dio todas las facilidades y fue reanudado el culto. Algunos jefes cristeros obcecados quisieron seguir la guerra, aunque fueron perdiendo importancia poco a poco. Para ese entonces Calles ya había entregado el poder.

QUE FUE LA GUERRA CRISTERA

La Guerra Cristera en México consistió en un conflicto armado de 1926 a1929, entre el gobierno de Plutarco Elías Calles y milicias de laicos, presbíteros y religiosos católicos que resintieron la aplicación de legislación y políticas públicas orientadas a restringir la autonomía de la Iglesia católica.

1. México tiene una larga historia de persecución religiosa contra la Iglesia, a pesar del hecho de que una abrumadora mayoría de mexicanos son católicos.

Hubo una persecución religiosa en 1870, igual que en la guerra de los Cristeros en la década de los años 20 del siglo XX. Durante esa época, la resistencia católica contra las políticas del presidente Sebastián Lerdo de Tejada (1872-1876) fue llamada los Religioneros, o los Religionarios (1873-1876).

Hubo una persecución también, en cierta medida, durante la Revolución Mexicana (1910-1917). Nota del editor: La Constitución Mexicana de 1917 incluyó fuertes medidas anticlericales (en los artículos 3 y 130) que negaban a la Iglesia el reconocimiento legal, exigía que los sacerdotes se registrasen y tenían limitadas sus actividades, prohibía la educación religiosa, nacionalizaba las propiedades de la Iglesia e ilegalizaba la celebración de ceremonias religiosas fuera de la Iglesia.

2. La Guerra de los Cristeros (1926-1929) fue una respuesta al ataque directo contra la fe católica por parte del presidente Plutarco Calles. La aplicación estricta de las reglas anticlericales de la Constitución Mexicana de 1917 fue conocida como la Ley Calles.

El presidente mexicano Plutarco Elías Calles abrazó una forma radical de ateísmo y socialismo que lo condujo a adoptar medidas drásticas para erradicar el catolicismo de México.

Es importante saber que Plutarco Elías Calles creció en medio de la pobreza y la privación. Fue el hijo ilegítimo de un padre alcohólico que no proveía de medios para cuidar a su familia y que más tarde los abandonó. Su madre, María de Jesús Campuzano, murió cuando él apenas tenía dos años. Entonces se encargó de él su tío, Juan Bautista Calles, del que tomó su apellido. Ateo ferviente, Juan Bautista inculcó a su sobrino un odio fanático contra la Iglesia católica.

Calles quiso erradicar el catolicismo y crear un nuevo modo de vida. Él leía a menudo libros y artículos de autores basados en la utopia socialista, y quiso lo mismo para México. Fue por esta visión por la que Calles decidió mantener a los Estados Unidos y a los gobiernos europeos al margen de los intereses petrolíferos de México. Quiso que México estuviera totalmente bajo el control de su gente y de su tierra.

3. Al principio, los fieles y la jerarquía adoptaron posturas pacíficas en su resistencia a la llamada Ley Calles.

El movimiento Cristero fue organizado por la Liga Nacional de la Defensa de la Libertad Religiosa o Liga Nacional Defensora de la Libertad Religiosa (LNDLR). La LNDLR fue un grupo de derechos civiles y religiosos establecido en 1925.

Hubo diversas protestas pacíficas en todo México, organizadas por diferentes grupos. Además, se reunieron más de un millón de firmas que fueron presentadas ante el Congreso para pedir la abolición de la Ley Calles. En todo momento se encontraron con resistencia o fueron totalmente ignorados. El último recurso para resistir el ataque fue a través de un boicot económico que fue un éxito; sin embargo, el Gobierno, viendo el poder que adquirían y el efecto económico que resultaba del boicot, lanzó un ataque más directo contra la Iglesia mediante arrestos, intimidaciones y ejecuciones.

Los obispos mexicanos trabajaron incansablemente para modificar la Ley Calles. El Papa Pío XI aprobó esta acción. Al no poder llegar a un acuerdo con el régimen Calles, y con el fin de evitar enfrentamientos y derramamiento de sangre, los obispos pidieron a la Santa Sede permiso para suspender el culto Católico el 31 de julio de 1926 –la víspera de la entrada en vigor de la ley.

Más tarde, el Papa Pío XI escribió una carta encíclica al clero y a los fieles de México para infundirles coraje y esperanza durante esta persecución. La Santa Sede no podía hacer mucho más. El 18 de noviembre de 1926 el Papa mandó su carta encíclica Iniquis Afflictisque (sobre la persecución de la Iglesia en México) ofreciendo oraciones y ánimos durante este momento difícil.

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