Los Incas: Cultura, Imperio Inca, Civilización, Caminos, Religión, Historia, Organizaciónes, Arquitectura, Ubicación

Los Incas

Los incas (quechua clásico: inqa, inca ) fueron los jefes de Estado del Imperio incaico, entidad que existió en el occidente de América del Sur durante los siglos XV y XVI. También eran usados los términos Cápac Inca (quechua: Qapaq Inqa, 'el Poderoso Inca ' ) y Çapa Inca (quechua: Sapa Inqa, 'el Inca, el único' )cuyo dominio se extendió inicialmente al curacazgo Inca y luego al Tahuantinsuyo. El primer sinchi cuzqueño en utilizar el título de inca fue Inca Roca, fundador de la dinastía Hanan Cuzco. El último inca en el gobierno fue Atahualpa. Posteriormente el título fue empleado por los jefes de la resistencia a la Conquista del Perú, como Manco Inca o Túpac Amaru I, conocidos como incas de Vilcabamba.

La residencia de los incas se encontraba en Cuzco. Los miembros de la sociedad incaica consideraban que sus gobernantes eran descendientes y sucesores de Manco Cápac. De acuerdo con los cronistas de Indias y los testimonios de algunos conquistadores como Francisco Pizarro, el poder del inca era absoluto; por ello era era poseedor no sólo de las tierras del Tahuantinsuyo sino de todo aquello que se encontraba dentro de él, incluyendo las vidas de sus súbditos.

Historia de los Incas

Los Incas fueron los dirigentes del imperio americano más grande. Cerca del fin del siglo XIV, el imperio comenzó a extenderse de su región inicial en la región de Cuzco hasta la región sur de las montañas Andinas de América del Sur. Esta terminó gloriosamente con el conquista española dirigida por Francisco Pizarro, en 1532.

En el momento de su rendición, el imperio controlaba una población estimada en 12 millones de habitantes, lo cual representaría hoy Perú, Ecuador y también una gran parte de Chile, Bolivia y Argentina.

El imperio Inca

Los Incas llamaban a su territorio Tawantinsuyu, lo que en Quechua, el idioma inca, significa Las Cuatro Partes. Un territorio de diversos terrenos y climas muy marcados, que comprendía una larga banda desértica en la costa, entrecortada por ricos valles irrigados; las altas cumbres y los profundos valles fértiles de los Andes; y las cumbres montañosas de la selva tropical al Este. La palabra Inca designa al propio dirigente, así como al pueblo del valle de Cuzco, la capital del imperio. A veces es usado para designar a todos los pueblos incluidos en el Tawantinsuyu, pero esto no es correcto. La mayoría de las decenas de reinos pequeños mantenían su identidad, aún cuando estaban ligados política y económicamente a los Incas. El Quechua fue el idioma oficial y hablado en la mayoría de las comunidades hasta la llegada de los Españoles, pero al menos 20 dialectos locales subsistieron en varias partes del imperio.

Conquista del Imperio Inca

En 1531, Francisco Pizarro se lanzó a la conquista del Imperio de los Incas, que se encontraba muy debilitado a causa de una epidemia y, sobre todo, de recientes luchas internas por la sucesión al trono. Con la ayuda de Dios, a pesar de que estaba acompañado por unos pocos hombres, Pizarro pudo apresar a Atahualpa, el nuevo Inca, quien le ofreció un enorme tesoro a cambio de su libertad. Pizarro aceptó la propuesta, pero en cuanto obtuvo estas riquezas, ordenó su ejecución. Más tarde, con la ayuda de algunos pueblos que estaban sometidos a la dominación incaica, los conquistadores avanzaron hacia Cuzco, la capital del Imperio, y luego de asediarla, entraron triunfantes en la ciudad. Una vez asegurada la conquista de la tierra de los Incas, los españoles organizaron varias expediciones para someter la zona sur del continente americano.

También participó en la conquista del Perú Diego de Almagro.

La arquitectura

Los Incas desarrollaron un estilo altamente funcional de arquitectura pública que se distinguió principalmente por sus técnicas avanzadas de ingeniería y de trabajo fino de la piedra. El plano de sus ciudades estaba basado en un sistema de avenidas principales atravesadas por calles más pequeñas que convergían en una plaza abierta rodeada de edificios municipales y templos. Las estructuras eran de un solo piso, con un perfecto ensamblado de piedras talladas; también se usaban ladrillos de adobe y paja en las regiones costeras. Para la construcción de grandes monumentos tales como la gran fortaleza de Sacsayhuamán cerca de Cuzco, unos bloques masivos poligonales fueron ensamblados entre sí con una extraordinaria precisión. En las regiones montañosas, como la espectacular ciudadela andina ubicada en el Machu Picchu, la arquitectura inca refleja a menudo algunas adaptaciones ingeniosas del relieve natural.

La religión

La religión del estado estaba basada en la adoración del Sol. Los emperadores Incas eran considerados como descendientes del "Dios" Sol y eran adorados como "divinidades". El oro, símbolo del "Dios Sol", era muy explotado para el uso de los dirigentes y miembros de la elite, no como moneda de intercambio, sino principalmente con objetivos decorativos y rituales. La religión dominaba toda la estructura política. Desde el Templo del Sol en el centro de Cuzco, se podían trazar líneas imaginarias en dirección de los lugares de culto de las diferentes clases sociales de la ciudad.

Las prácticas religiosas consistían en consultas de oráculos, sacrificios como ofrenda, transes religiosos y confesiones públicas. El ciclo anual de fiestas religiosas estaba regulado por el calendario inca, extremadamente preciso, así como el año agrícola. Debido a este aspecto entre otros, la cultura inca se parecía mucho a algunas culturas de la mezo-América tal como los Aztecas y los Mayas.

Cultura de los incas

La cosmovisión andina difiere en muchos aspectos de otras religiones. Para los incas no existe un concepto abstracto de dios, al contrario rendían culto a diversos "dioses" y cada uno tenía su propio nombre y estaba asociado a una función específica. La mayoría de sus "divinidades" estaba relacionada con la naturaleza, los astros, el clima, la tierra, accidentes geográficos, fenómenos atmosféricos, los animales y sus ancestros. Por otra parte, los mitos recopilados por los cronistas durante el siglo XVI al XVII, son una fuente importante para comprender el mundo andino. Todavía hay muestras representativas de la religión andina en diversas regiones.

El Universo Inca

De la misma forma que la mayoría de sociedades andinas, los incas tuvieron una forma característica de concebir el tiempo y el espacio. Por un lado, el tiempo fue percibido de modo sagrado y cíclico. Pensaban que habían épocas de destrucción y renovación del mundo.

El universo estaba dividido en tres partes:

  • Hanan Pacha, morada de los dioses y de objetos celestiales (mundo de arriba)

  • Kai Pacha, el mundo presente y concreto (mundo de ahora)

  • Ucu Pacha, el mundo de abajo o de las cosas que no empiezan (mundo de abajo)

Según la cosmovisión andina, el tiempo era cíclico, por ello el Hanan Pacha y el Ucu Pacha se complementaban y el Kai Pacha venía a ser el punto de encuentro donde se unían ambos universos.

El Inca era el nexo entre los mundos. Según las investigaciones, se ha planteado que la mayoría de divinidades incas tuvieron caracteres opuestos y complementarios, por lo cual se supone que cada dios tenía una contraparte, como el Sol y la Luna.

Las divinidades o dioses incas

Existió una gran cantidad y variedad durante el incanato. Muchos de los dioses tenían forma humana, eran antropomorfos y se comportaban como los seres humanos y guardaban sentimientos similares a los humanos.

Los oráculos, eran los medios por el cual se comunicaban y eran hechos de diversos materiales, los cuales eran interpretados por los sacerdotes. Los oráculos más reconocidos por los cronistas antiguos: Pachacamac pachakamaq, Apurímac apu rimaq, Chinchaycamac chinchaykamaq, Mullipampa y Catequil.

La mayoría de deidades están conectadas a las Huacas, lo cual está vinculado a todo lo "sagrado". Por ello, las huacas eran reverenciadas y se les rendía culto. Las huacas necesitaban personal dedicado a la adoración, por ello los sacerdotes eran los escogidos para interpretar y comunicar los mensajes "divinos". Todavía quedan una gran variedad de huacas en Perú, en especial en Lima, Lambayeque, Trujillo, Puno, Cajamarca, Cusco y otros lugares más.

La Capacocha: sacrificios humanos en el Imperio Inca

Tradicionalmente relacionamos los sacrificios humanos con los Aztecas, pero no era una costumbre sólo de este pueblo. Mayas e Incas también lo practicaron.

Los Incas practicaron la capacocha, una inmolación ritual de niños que puede traducirse como “Obligación real”.

De todo el Imperio se elegían niños, entre 6 y 15 años, de una gran belleza y, en general, hijos de caciques que eran enviados al Cuzco. Allí participaban en unas celebraciones en las que se realizaban sacrificios animales y se oficiaban matrimonios simbólicos para afianzar los lazos entre las distintas poblaciones.

Una vez terminada la celebración todos regresaban a sus lugares de origen donde eran aclamados antes de partir a su destino definitivo. Los niños eran conducidos a una "montaña sagrada" elegida previamente donde debían cumplir con la última ofrenda. Este destino se les imponía desde el nacimiento y era aceptado por ellos como un deber.

Estos niños, considerados los más puros de los seres, eran considerados enviados para contactar con los dioses llevando con ellos un mensaje de su pueblo. Para este viaje se preparaban meses antes con una dieta consistente en maíz y proteínas animales y en el momento de dirigirse a su último destino se vestían con ropas finas y ricas joyas.

Era un viaje largo y complicado por lo que los niños, sobre todo los más pequeños, debían consumir hojas de coca para ayudarse a respirar en la dura subida. Una vez arriba los niños eran embriagados y después asesinados por estrangulación o sobre todo por un golpe en la cabeza. Después lo acomodaban en un pozo bajo tierra acompañados por un rico ajuar consistente en adornos personales, tejidos, alimentos y una serie de utensilios de uso cotidiano.

Según sus creencias los niños no morían sino que se reunían con sus antepasados.

El hallazgo de momias infantiles en las cimas de algunas montañas "sagradas" demuestran estas inmolaciones. En 1995 apareció la célebre Juanita en el Monte Ampato y un poco más tarde cerca de ello un niño y una niña.

En 1999 en la cumbre del volcán Llullaillaco se encontraron tres cuerpos más momificados: una niña de 15 años apodada “La doncella” junto a un niño de siete años y una niña de seis.

Estos sacrificios sólo fueron llevados a cabo en ocasiones especiales como por ejemplo después de una gran catástrofe.

Los Incas y el paganismo

Paganismo, en el sentido más amplio, incluye a todas las otras religiones que no sean la verdadera revelada por Dios. El término se usa como equivalente de politeísmo.

Se deriva del latín pagus, de ahí pagani (es decir, los que viven en el campo), un nombre dado a los campesinos que se quedaron siendo paganos cuando las ciudades se convirtieron al cristianismo. Varias formas de paganismo se describen en artículos especiales (por ejemplo, brahmanismo, budismo, mitraísmo).

La idolatría es la costumbre pagana de fabricar estatuas, o hacer imágenes con el fin de adorarlos o tenerlos por dioses, o confiar en ellos. La idolatría está prohibida en la Biblia. La religión de los hebreos era monoteísta; creían en la existencias de un solo Dios no representado en imágenes. El mandamiento de la Ley de Dios dice: No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que está arriba en los cielos, en la tierra, ni debajo de la tierra. No te inclinarás delante de ellas ni la honrarás, porque yo Jehová, soy un Dios celoso. Éxodo 20: 4. Los israelitas tuvieron este pecado de adorar a otros dioses (politeísmo), y tener imágenes de ellos. Adoraron a Moloc, Milcom, Astoret, Asera, Baal, y ofrecían sacrificio a estos dioses. El Señor castigó a los israelitas por esta idolatría, y los entregó en manos de sus enemigos. Cuando estaban cautivos, ellos se acordaban del Dios verdadero, y se volvían a Jehová su Dios, pero luego que Dios los libertaba, seguían buscando nuevamente a sus dioses.

Los Católicos no adoramos imágenes. Las tenemos en nuestros templos, capillas y en nuestros hogares, con respeto y veneración, de la misma manera que en las casas también se conservan y se exponen retratos de personas queridas.

No honramos los materiales de que están hechas las imágenes y estatuas, sino que honramos al santo representado.

La Biblia no prohibe las imágenes ni las estatuas, sino los ídolos. En la cita del Exodo se habla de ídolos y no de imágenes.

No es lo mismo imagen que ídolo. La imagen es un retrato o fotografía de algo o alguien, mientras que un ídolo es un dios de pintura, oro o plata o cualquier otro material.

La Biblia prohíbe los ídolos:

Allí tendrán que servir a dioses hechos por el hombre, dioses de madera y de piedra, que ni ven ni oyen, ni comen, ni sienten” (Dt. 4, 28).

La Biblia admite las imágenes:

Entre las instrucciones de Yahvé a Moisés para la construcción del Santuario se encuentra ésta, en la que le ordena elaborar estatuas: “Asimismo, harás dos querubines de oro macizo, labrados a martillo, y los pondrás en las extremidades del Lugar de perdón, uno a cada lado” (Ex. 25, 18).

Otra instrucción de Yahvé a Moisés: “Moisés habló por el pueblo y Yahvé le respondió: ‘Haz una serpiente de bronce y ponla en un palo y todo el que la mire sanará’” (Núm. 21, 8).

El templo de Salomón estaba adornado con pinturas de querubines:

Dentro del lugar santísimo puso dos querubines, hechos de madera de olivo silvestre, de cinco metros de alto ... Salomón cubrió de oro los dos querubines” (1 Re. 6, 23-28).

Y ¿qué decir de los Protestantes que usan imágenes de Jesucristo, de María y de otros personajes bíblicos en sus libros, revistas, videos, etc.? ¿Son ídolos esas imágenes? No.

¿Cuántos "Dioses" hay, uno o varios?

La Biblia nos dice que hay un SOLO DIOS.

(Deuteronomio 6:4) - "Oye, Israel: Jehová, nuestro Dios, Jehová uno es!"

(Isaías 43:10) - ". . . Yo [YHWH] el mismo soy; antes de mí no fue formado dios ni lo será después de mí."

(Isaías 44:6) - ". . . Yo soy el primero y yo soy el último, y fuera de mí no hay Dios."

(Isaías 44:8) - "¡No hay Dios sino yo! ¡No hay Roca, no conozco ninguna!."

Pero... ¿No parece sugerir que hay VARIOS DIOSES?

(Genesis 1:26) - "Entonces dijo Dios: «Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza . . .»"

(Genesis 3:22) - "Luego dijo Jehová Dios: «El hombre ha venido a ser como uno de nosotros . . .»"

(Genesis 11:7) - "Ahora, pues, descendamos y confundamos allí su lengua, para que ninguno entienda el habla de su compañero."

(1 Corintios 8:5) - "Aunque haya algunos que se llamen dioses, sea en el cielo o en la tierra (como hay muchos dioses y muchos señores), para nosotros, sin embargo, solo hay un Dios."

(1 Juan 5:8) - "Y tres son los que dan testimonio en la tierra: el Espíritu, el agua y la sangre; y estos tres concuerdan."

La Biblia nos dice que solamente existe un Dios en la existencia. (Isaías 43:10; 44:6,8). Sin embargo, la Biblia parece mencionar otros "dioses"; Tenemos el caso, de Adramelec y a Anamelec (2 Reyes 17:31), Asera (1 Reyes 18:19), Baal (Jueces 3:1) etc. Pero con esto la Biblia no se está contradiciendo a sí misma. Cuando la Biblia habla de otros dioses está hablando de dioses falsos que en realidad no existen.

Estos dioses son ídolos:

Los ídolos de ellos son plata y oro,

obra de manos de hombres.

Tienen boca, pero no hablan;

tienen ojos, pero no ven;

orejas tienen, pero no oyen;

tienen narices, pero no huelen;

manos tienen, pero no palpan;

tienen pies, pero no andan,

ni hablan con su garganta. Salmo 115:5

Estos dioses solamente existen en la imaginación del hombre. Los que creen que la naturaleza nos creó, deben saber que están adorando y rindiéndole honor a un "dios" tan muerto y ridículo como los que menciona Salmo 115:5.

Cuando atribuimos a otros dioses, estamos en realidad mostrando nuestra disposición a querer creer lo que creemos, pero estamos conscientes de que en realidad estamos equivocados y no admitimos la verdad porque no queremos humillarnos. Es orgullo y nada más que orgullo.

Por otra parte, cuando en Génesis Dios habla de Sí mismo en manera plural, lo que tenemos entender es que Dios es un Dios Trino. Esa es la principal evidencia de la naturaleza Trinitaria de Jehová. Dios se manifiesta en tres personas, Dios el Padre, Dios el Hijo y Dios el Espíritu Santo. Aunque muchos alegan que al creer en este tipo de Dios somos politeístas, están equivocados. Dios es un solo, pero formado por tres personas, Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Apologías en respuesta a la oposición pagana

De muy graves consecuencias para la Iglesia cristiana fue la amarga oposición que se encontró del paganismo. La religión politeísta del Imperio Romano, venerada por su antigüedad, estaba entrelazada con cada fibra del cuerpo político. Estaba asociada con la más "alta cultura", y tenía la sanción de los más "grandes" poetas y sabios de Grecia y Roma. Sus espléndidos templos y majestuoso ritual le daba una "gracia" y "dignidad" que cautivaba la imaginación popular. Por otro lado, el monoteísmo cristiano era una innovación. No hacía un despliegue impresionante de liturgia. Sus discípulos eran, en su mayoría, personas de nacimiento y condición social humildes. Su literatura sagrada tenía poco atractivo para el exigente lector acostumbrado a la elegante dicción de los autores clásicos. Y así la mente popular la veía con recelo, o la despreciaba como una ignorante superstición.

Pero la oposición no terminaba ahí. La actitud inflexible de la nueva religión hacia los ritos paganos fue censurada como la más grande impiedad. Los cristianos eran tildados de ateos, y como se mantenían alejados también de las funciones públicas, las cuales eran invariablemente asociadas con estos falsos ritos, eran acusados de ser enemigos del estado. La costumbre cristiana de rendir culto en asamblea secreta pareció añadir fuerza a ese cargo, pues las sociedades secretas eran prohibidas por la ley romana. Ni tampoco faltaban las calumnias. La imaginación popular distorsionaba fácilmente el vagamente conocido ágape y el Sacrificio eucarístico como ritos abominables marcados por fiestas con carne infantil y lujuria indiscriminada. El resultado fue que el pueblo y las autoridades se alarmaron por la rápida expansión de la Iglesia y buscaban reprimirla por la fuerza.

Para vindicar la causa cristiana contra estos ataques del paganismo se escribieron muchas apologías. Algunas, notablemente la “Apología” de San Justino Mártir (150), la “Súplica por los Cristianos” de Atenágoras (177), y la “Apologética” de Tertuliano (197), estaban dirigidas a los emperadores con el propósito expreso de asegurar para los cristianos la inmunidad contra la persecución.

Otras eran compuestas para convencer a los paganos de la insensatez del politeísmo y de la verdad salvadora del cristianismo. Tales fueron: Tatiano, “Discurso a los Griegos” (160); Teófilo, “Tres Libros a Autolico” (180), la “Carta a Diogneto” (cerca de 190), el “Octavio” de Minucio Félix (192), Orígenes, “Verdadero Discurso contra Celso” (248), Lactancio, “Institutos” (312), y San Agustín, “Ciudad de Dios” (414-426). En estas apologías el argumento de la profecía del Antiguo Testamento tenía un lugar más prominente que el de los milagros. Pero aquél en que se pone más énfasis es el de la trascendente excelencia del cristianismo.

Una doble línea de pensamiento corre a través de este argumento: el cristianismo es luz, mientras el paganismo es oscuridad; el cristianismo es poder, mientras el paganismo es debilidad. Al abundar en estas ideas, los apologistas contrastan la coherencia lógica de los principios religiosos del cristianismo, y su sublime enseñanza ética, con las tonterías e inconsistencias del politeísmo, los bajos principios éticos de sus filósofos, y las indecencias de su mitología y de algunos de sus ritos. Ellos asimismo demuestran que la religión cristiana por sí sola tiene el poder de transformar al hombre de un esclavo del pecado a un hombre libre espiritual. Comparan lo que ellos eran como paganos con lo que son ahora como cristianos. Dibujan un eficaz contraste entre la relajada moralidad de la sociedad pagana y las ejemplares vidas de los cristianos, cuya devoción a sus principios religiosos es más fuerte que la muerte misma.

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