Pragmático y Pragmatismo: Definición, Significado, Político, ¿Qué es, Concepto, Ejemplos

La palabra pragmático proviene del griego, en su etimología, de donde pasó al latín como “pragmaticus” significando “pragma”, hecho o acción y “ticus” = “relativo a”. Lo pragmático es por lo tanto lo que se ajusta a los hechos, lo práctico.

En el ámbito del lenguaje la pragmática lo estudia en cada contexto, pues éste es el que le otorga a cada palabra o frase su específica significación. Debe entenderse por contexto todas las circunstancias extra lingüísticas que puedan influir en la comunicación, incluyendo todos los factores culturales y personales de los involucrados en el acto de habla. La no identificación de estos factores contextuales que influyen en la situación comunicativa puede llevar a malos entendidos.

Pragmática

La pragmática es un campo vasto, que atraviesa distintas disciplinas, y cuyo estatuto y alcance en la lingüística sigue estando en debate; algunos autores como Jef Verschueren (1995) opinan que más que un componente de una teoría lingüística, se trata más bien de una perspectiva sobre el lenguaje; por otro lado, cabe aclarar que la pragmática es definida de manera bastante más estrecha en los países angloparlantes que en el continente europeo.

En cuanto a sus orígenes, es importante destacar que la pragmática se consideraba una parte de una tríada, en el marco de una teoría de los signos (semiótica): en efecto, para el filósofo norteamericano, Charles Morris (1994 [1938]), la pragmática es el estudio de los signos (y sistemas de signos) en relación con sus usuarios; mientras que la semántica es el estudio de los signos en relación con sus designata (aquello a lo que refieren), y la sintaxis concierne al estudio de las relaciones entre los signos.

La pragmática se originó en distintas tradiciones pero fundamentalmente en la Filosofía, disciplina que indudablemente le proveyó las ideas más fértiles. Siguiendo la línea del programa de Wittgenstein, que vinculó decididamente el significado con el uso, la filosofía del lenguaje produjo las dos teorías principales que subyacen a la pragmática actual, pero que, de una manera u otra, siguen siendo discutidas, a partir de la necesidad surgida en el seno de la disciplina de investigar el lenguaje en contextos naturales –en el “discurso situado”-:

  1. la teoría de los actos de habla (ver Recorrido histórico), elaborada por filósofos del lenguaje ordinario (John Austin y John Searle), y

  2. la lógica de la conversación (Grice, 1975).

Ambas teorías hicieron posible la consolidación del campo de la pragmática lingüística, consolidación que se ve reflejada en dos volúmenes clásicos: el libro publicado por Bar-Hillel, Pragmática de las lenguas naturales (1971), y el de Davidson & Harman, Semántica de las lenguas naturales (1972). En estos libros fundacionales dominan las contribuciones de filósofos pero es marcada la presencia de varios lingüistas, como Charles Fillmore, Geoffrey Lakoff, John Ross yJohn McCawley, vinculados en distinto grado con el movimiento de la semántica generativa, disidente de la gramática generativa.

La pragmática es un territorio muy amplio para la lingüística, como veremos más adelante, aunque en los primeros años de su inclusión en la disciplina se limitó al significado del hablante –los actos ilocutivos directos e indirectos, a las expresiones deícticas (yo, vos, aquí, ahí, ahora, etc.), objeto del clásico trabajo de Charles Fillmore (1997 [1975])–, y a explicar la recuperación de información implícita por el hablante.

Así, para los semánticos generativos, la semántica es el nivel más profundo de la sintaxis y por lo tanto forma parte del corazón de la gramática: esto los llevó a incluir aspectos pragmáticos en la semántica y por extensión en la sintaxis. La hipótesis performativa, desarrollada por Ross (1970), que intenta incluir la pragmática en la descripción gramatical, ubica la fuerza ilocutiva –el componente pragmático- en la sintaxis profunda: postula que en la sintaxis profunda o en la estructura semántica de toda oración existe una cláusula (que la domina), en la cual el sujeto representa al hablante, el verbo es un performativo y el objeto indirecto señala al oyente; el objeto directo corresponde a la oración misma, tal cual se manifiesta en la escritura o en la oralidad (así, una oración como “el trabajo está entregado” en realidad corresponde a “yo te digo que el trabajo está entregado”; a “¿Cuándo nos vamos” subyace la oración completa “yo te pregunto cuándo nos vamos”, etc.).

La forma de la oración superficial se explica mediante la aplicación de una regla de transformación que borra la cláusula performativa; sin embargo, es clara la debilidad descriptiva de tal posición, por ejemplo, en casos de oraciones con performativos explícitos. Está hipótesis fue rebatida por distintos estudiosos, entre ellos John Searle, cuya empresa había sido justamente la contraria: incorporar la semántica en la pragmática. Así se distinguen dos posiciones opuestas: el “pragmatismo” (que pretende incorporar la pragmática en la semántica, y, por ende, en la sintaxis), y el “semanticismo” (la posición de Searle).

Ambas posiciones –por distintas razones- niegan que pueda haber una división del trabajo entre semántica y pragmática; la tercera posición llamada “complementarismo”, dominante luego del declive de la semántica generativa, sostiene que tal división del trabajo es necesaria y considera que semántica y pragmática son dominios de investigación distinguibles pero estrechamente relacionados.

Pragmatismo

El Pragmatismo es una escuela filosófica originada en los Estados Unidos a finales del siglo XIX.

El Pragmatismo se caracteriza por la insistencia en consecuencias, utilidad y practicidad como componentes esenciales de la verdad. El pragmatismo se opone a la visión de que los conceptos humanos y el intelecto representan la realidad, y por lo tanto se contrapone a las escuelas filosóficas del formalismo y el racionalismo. En cambio, el pragmatismo sostiene que sólo en la lucha de los organismos inteligentes con el ambiente que los rodea es que las teorías y datos adquieren relevancia.

El pragmatismo no sostiene, sin embargo, que todo lo que es útil o práctico deba ser considerado como verdadero, o cualquier cosa que nos ayude a sobrevivir meramente en el corto plazo; los pragmáticos argumentan que aquello que debe ser considerado como verdad es lo que más contribuye al mayor bienestar humano en el más largo plazo. En la práctica, esto significa que para los pragmáticos, las afirmaciones teóricas deben estar relacionadas a prácticas de verificación - por ejemplo uno debe ser capaz de hacer predicciones y probarlas - y que finalmente las necesidades de la humanidad deberían guiar el camino de la búsqueda humana.

La palabra pragmatismo proviene del vocablo griego praxis que significa acción. Para los pragmatistas la verdad y la bondad deben ser medidas de acuerdo al éxito que tengan en la práctica. Por ejemplo, el arte o cualquier otra actividad cuyo único fin sea el adquirir cultura es prácticamente inútil puesto que no puede ser remunerado, nadie va a pagar a otra persona por ser culto o tener cierto conocimiento, esta persona tendría que enseñar tal conocimiento en el campo académico para que éste tenga alguna utilidad. En el pragmatismo no existe el conocer por conocer. Si algo no tiene un fin o uso determinado no hay razón para que tal cosa exista.

Pragmatismo vs. Cristianismo

El pragmatismo, un dios moderno

Nuestra sociedad se jacta de su secularización, es decir de haberse liberado de las ataduras de la religión para vivir en verdadera libertad. El hombre moderno se cree libre de cargas religiosas sin darse cuenta de que se ha vuelto esclavo de los ídolos que ha creado. Son sus nuevos dioses a los que adora y ante los que se rinde y sirve con tanta pasión como servilismo. La evolución social le ha dado la razón al pensador inglés Chesterton quien, con su proverbial lucidez, afirmó: «Cuando el hombre deja de creer en Dios, no es que no crea en nada, cree en cualquier cosa».

El hedonismo, el relativismo y el pragmatismo son algunos de los principales dioses seculares de esta nueva religión laica. Vamos a considerar el pragmatismo como una ideología que está moldeando muchas de las conductas y relaciones sociales de hoy y que llega a influir de forma sutil en la vida de la Iglesia. Analizaremos los rasgos distintivos de este nuevo ídolo; veremos cómo afecta al creyente y cuál debería ser la alternativa cristiana.

En cierta ocasión, estando en Galicia, una periodista se me acercó al final de una conferencia para una breve entrevista. «¿El cristianismo funciona?» me preguntó con sinceridad. Debió observar un gesto de sorpresa en mí porque me repitió la misma pregunta hasta dos veces más con otras palabras: «¿para qué sirve?, ¿qué resultados podéis dar a la sociedad?».

Lo cierto es que nunca antes me habían planteado la validez del cristianismo en estos términos. Mis esquemas de apologética se movían por unas coordenadas diferentes. Han pasado ya varios años, pero la pregunta de aquella joven periodista no se me ha olvidado. Fue mi primer contacto «en directo» con el pragmatismo. La mentalidad pragmática se acerca a la realidad con esta idea: «¿Me sirve o no me sirve?», «¿me funciona o no me funciona?». No se pregunta: «¿es bueno o malo?», «¿verdad o mentira?», «¿moral o inmoral?». De esta forma lo ético queda supeditado a lo útil, los principios a los resultados. El rasero para evaluar una situación, una relación, una persona o incluso una idea es que funcione y que me sea útil. Los resultados prácticos, sobre todo en lo que a mí concierne, son la norma suprema de «fe y conducta» de los seguidores de este nuevo dios.

El pragmatismo deja ver su rostro en muchos programas de televisión, en la calle, en el trabajo, en la prensa, incluso en las modernas redes sociales tipo Facebook. Como lluvia fina que va calando hasta empapar por completo, así moldea la filosofía pragmática muchas áreas de la vida diaria. Es nuestra responsabilidad descubrir sus elementos peligrosos, peligrosos no sólo para la fe del creyente, sino incluso para la convivencia social porque no estamos delante de una ideología neutra; tiene unas profundas implicaciones morales y existenciales.

¿Qué es? La naturaleza del pragmatismo

Este dios secular tiene varios rasgos distintivos:

Es un sistema egoísta

En primer lugar, está centrado en mis necesidades. El «yo» es el eje alrededor del cual giran mis decisiones. Es, por tanto, una filosofía profundamente egoísta. «Sólo quiero lo que necesito» sería su resumen.

A primera vista esta actitud puede parecer inofensiva, sobre todo en el campo material. Incluso podría favorecer un estilo de vida más sencillo, menos consumista. Pero sus implicaciones son muy negativas cuando se aplican al campo de las relaciones personales. Veamos dos ejemplos muy frecuentes en nuestros días.

El primero en el ámbito de la familia. Muchos jóvenes razonan así: «¿para qué necesito casarme cuando es mucho más práctico, rápido y cómodo juntarse?» Ello explica el aumento espectacular de la cohabitación en los países «pragmáticos», por ejemplo en Europa. «Si nos juntamos y funciona, ¿qué más necesitamos?», «¿para qué nos sirven, los juzgados, los testigos o las firmas?» ¡Esta forma de pensar es ideología pragmática pura, aun cuando la mayoría de estos jóvenes ni siquiera han oído esta palabra en su vida! Puesto que los principios quedan supeditados a mi necesidad y mi comodidad, prescindo de todo lo que a mí no me es útil.

Otro ejemplo en una línea parecida. Crece el número de mujeres que tienen un hijo sin vivir -ni pretender vivir jamás- con el padre de este hijo. «¿Para qué aguantar a un hombre toda la vida, si no lo necesito más que para darme el hijo?» Conmociona saber que en Inglaterra el mayor crecimiento en el porcentaje de nacimientos se da en este tipo de situación familiar, madres solteras que deciden tener un hijo prescindiendo por completo de su futuro padre.

¿Y qué diremos del varón que después de unos pocos años de matrimonio decide abandonar a su esposa porque «ahora ya no la necesito, la vida tiene etapas; mi mujer me fue útil en una etapa de mi vida, pero ahora ya no». Una joven esposa dijo, en medio de una situación así: «Me siento como una lata de Coca Cola: Deséchese después de usada». Las consecuencias del pragmatismo en las relaciones personales pueden ser devastadoras.

Descubrimos el mismo enfoque en el ámbito de las creencias en muchos de nuestros contemporáneos. Les hablas del Evangelio y su respuesta es: «Esto está muy bien para ti, pero yo no necesito a Dios. Yo estoy bien sin Dios, vivo cómodo, no necesito una religión. Simplemente no lo necesito».

Estos diversos ejemplos nos muestran el fondo descarnado del pragmatismo: un egoísmo a ultranza donde la satisfacción y la realización del ego priman por encima de todo. La persona se mueve por la vida según sus necesidades propias: «Si no te necesito -sea Dios, la esposa u otros- entonces no me interesas».

Es un sistema hedonista

El pragmatismo busca una satisfacción inmediata de cualquier necesidad o deseo. Esta es su segunda característica. En este sentido entronca de lleno con la corriente hedonista, otro de los grandes dioses seculares. Su actitud ante la realidad se resume con la pregunta ¿por qué no ahora? Estas personas no pueden esperar, no quieren esperar. Así pues, el pragmatismo no sólo está centrado en el yo, sino también en el aquí y el ahora. La célebre frase de los epicúreos latinos -carpe diem, vive el día- podría ser su lema. El mañana y el futuro no importan.

Esta forma de pensamiento sigue el principio de la no frustración. Su énfasis es que todo deseo debe ser satisfecho de inmediato porque el aplazamiento de la satisfacción produce frustración y la frustración es la negación de la felicidad. Muchos padres en Norteamérica siguieron este principio durante más de 20 años en la educación de sus hijos. El «experimento pedagógico» terminó con un célebre «mea culpa» de quienes propusieron este sistema. Pidieron perdón públicamente en un programa de televisión a los padres por haber influido decisivamente a forjar una generación de jóvenes que no sabían lo que significaban palabras como esperar o más tarde. La pérdida de estos valores condujo a consecuencias sociales nefastas que comentaremos después.

Veamos dos ejemplos prácticos de esta filosofía. El primero, tomado del campo económico: el sistema de venta a plazos. En el siglo XIX cada uno compraba lo que necesitaba cuando había ahorrado el dinero necesario. La venta a plazos es un invento del siglo XX. Hoy compramos lo que necesitamos -y lo que no necesitamos- a crédito, incitados por una propaganda apetitosa y eficaz fundada en el imperio de los sentidos. El producto nos entra por los ojos, por los oídos -músicas «pegajosas»-, hasta por el olfato y por el tacto y se nos hace irresistible. No podemos esperar. Los expertos en marketing conocen bien la importancia de los sentidos a la hora de provocar un impulso casi irrefrenable a comprar. Y ahí surge la «maravilla» de la venta a plazos que permite la compra inmediata del producto; uno no tiene que esperar a reunir todo el dinero, se lo puede llevar ya. La otra parte de la historia, los créditos impagados, los embargos y los subsiguientes dramas personales o familiares, todo esto se procura silenciar o minimizar.

Algo parecido -o peor- ocurre con las tarjetas de crédito. Para algunas personas el llamado «dinero de plástico» puede llegar a ser una auténtica trampa. En su uso desordenado e impulsivo han comenzado a gestar su ruina económica y, a veces, también personal. La tarjeta de crédito es un símbolo por antonomasia del pragmatismo porque permite la satisfacción inmediata del deseo sin pensar. «Es que no hay que pensar a la hora de satisfacer el deseo. Pensar tiene que ver con el futuro, y lo que importa sólo es el ahora» diría el pragmático.

No se me malentienda con estos ejemplos. No estoy diciendo que comprar o usar la tarjeta de crédito es malo en sí mismo. En absoluto. Lo que no es correcto es comprar de forma impulsiva para satisfacer simplemente el deseo o la «necesidad» del momento.

Otro ejemplo que ilustra esta realidad: la publicidad que recibimos por correo suele incluir esta conclusión: «si usted responde antes de x días (el plazo es siempre muy corto), tendrá un premio extra». La idea del experto en marketing es que contestes sin pensar. Una vez se ha generado el deseo, es importante no dar lugar a la reflexión. Con ello se garantiza que funcionará el «reflejo pragmático», es decir, la satisfacción sin demora del deseo.

Uno de los ejemplos más claros lo encontramos en el terreno de la sexualidad. Según una amplia encuesta realizada simultáneamente en varios países de la Comunidad Europea, la edad promedio de inicio de relaciones sexuales se sitúa hoy en los 16-17 años. Hace sólo 30 años estaba en los 22. Ha bastado una generación para un cambio espectacular. Hasta tal punto es así que este fenómeno está creando un problema importante de salud pública y social: el embarazo de adolescentes ha crecido en proporciones alarmantes. Claro que para solucionarlo se recurre a otra herramienta propia del pragmatismo: el aborto, considerado -en un alarde de cinismo retórico- una «simple» interrupción voluntaria del embarazo. El aborto, uno de los iconos (ídolos) más trágicos del pragmatismo, es expresión fehaciente de un fundamentalismo laico que cree y adora al dios más antiguo: el ego humano.

Los jóvenes hoy, en general, no saben esperar. ¿Esperar?, ¿para qué?, ¿por qué? Es el argumento de muchos de ellos. Aldous Huxley, en su célebre libro Un mundo feliz, dice: «no dejes para mañana la diversión que puedas tener hoy». Son muchas las personas que, sin saberlo, están aplicando en sus vidas la ideología «fantástica» de Huxley, antes considerada una utopía y ahora hecha realidad. Es simplemente la aplicación del pragmatismo a la vida diaria.

La alternativa cristiana

Hemos visto cómo el pragmatismo, llevado a sus últimas consecuencias, deshumaniza y arruina vidas. ¿Cómo responder a sus retos? ¿Tiene el Evangelio valores y principios para contrarrestar esta ideología? Y sobre todo, ¿tiene algo que ofrecer para aliviar la sequía emocional y el vacío espiritual de tantas personas sumidas en el desierto de una existencia absurda?

Frente a las prioridades de la persona pragmática («yo primero», «sólo importan el aquí y ahora», «los resultados materiales son el baremo para medir el éxito o el fracaso») la escala de valores que Cristo nos enseña es, en su misma esencia, lo contrario.

Dios y el prójimo son lo primero:

Y uno de ellos, intérprete de la ley, preguntó por tentarle: Maestro, ¿cuál es el gran mandamiento de la ley? Jesús le dijo: amarás al Señor tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma y con toda tu mente; este es primero y grande mandamiento y el segundo es semejante: amarás a tu prójimo como a tí mismo (Mateo 22:35-39).

En vez de vivir para el yo, el cristiano aspira a vivir para dos grandes «tú»: el que está a su lado, el prójimo, y el que está en los cielos, Dios.

El Evangelio nos abre una gran ventana al futuro:

Frente al valor prioritario del aquí y ahora el Evangelio nos abre una gran ventana al futuro y nos invita a:

poner la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra (Col. 3:2),

en la herencia inmarcesible que tenemos guardada en los cielos (1 P. 1:4).

Ello no significa un escapismo irresponsable de nuestros deberes cívicos y sociales. En todo momento se nos exhorta a cumplir nuestra responsabilidad con el César. La ética social forma parte integral del mensaje del Evangelio. Podríamos decir que el creyente tiene los dos pies en el suelo, pero la mirada en el cielo. Pero la persona que tiene los dos pies en la tierra y la mirada también en la tierra, acaba siendo un pragmático, preocupado sólo por el aquí y el ahora. En sus epístolas Pablo nos remarca que la consagración a Dios se expresa de forma natural en el servicio a los hermanos y al prójimo.

El criterio espiritual para medir el éxito o el fracaso:

El éxito o el fracaso no se miden por un criterio material, sino espiritual. Hay unos resultados no mensurables en cifras que son más importantes que los resultados materiales: el amor a Dios y al prójimo, la obediencia a la voluntad divina, la fidelidad en las relaciones, la mayordomía sabia de nuestra vida son algunas de las escalas con los que Dios va a medir la calidad de nuestra obra.

Así nos lo enseña la parábola de los talentos:

Bien, buen siervo y fiel, sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré (Mt. 25:21,23).

El éxito o el fracaso no se miden por un criterio material, sino espiritual. Hay unos resultados no mensurables en cifras que son más importantes que los resultados materiales: el amor a Dios y al prójimo, la obediencia a la voluntad divina, la fidelidad en las relaciones, la mayordomía sabia de nuestra vida son algunas de las escalas con los que Dios va a medir la calidad de nuestra obra.

Y, en especial, las luminosas palabras de Jesús en Mateo 25 donde se nos exhorta a una vida de entrega plena al prójimo, pero por amor al Señor mismo. Este móvil último nos libera de la tiranía de los resultados inmediatos y visibles:

Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros... Porque tuve hambre y me disteis de comer; tuve sed y me disteis de beber... De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis (Mt. 25:34-40).

A modo de conclusión, en el pasaje que describe al rico insensato (Lc. 12:13-21), nos impresiona el final de aquella vida gastada de forma muy similar a como lo haría el pragmático de hoy:

Necio, esta noche vienen a pedir tu alma (Lc. 12:20).

Podríamos parafrasear el texto y decir: «Has vivido como un egoísta toda tu vida, pensando sólo en ti; ahora quieres vivir como un hedonista, y te dices: regocíjate: bebe, come. Consideras lo mucho que has acumulado, los resultados de todo tu trabajo, y te sientes rico. Pero Dios te dice: Necio, esta noche vienen a pedir tu alma».

¡Cuánta similitud entre el rico necio y el hombre pragmático de hoy!

En el fondo hay sólo dos maneras de enfocar la vida, dos opciones opuestas y excluyentes: como el rico necio -un pragmático- o como Cristo.

Definiciones y Significados de Pragmática segun varios diccionarios y enciclopedias de lingüística

Pragmática

Enrique Alcaraz Varo y María Antonieta Martínez Linares, Diccionario de lingüística moderna, ed. Ariel, Barcelona, 1997:

El término Pragmática, que tiene varias acepciones en lingüística, aborda el estudio de cualquier aspecto discursivo, comunicativo o social del lenguaje, es decir, lo que se llama LENGUAJE EN USO y también lenguaje usado.

El uso moderno de este término se remonta al que le dio Morris (1938:6) cuando pretendió determinar los atributos peculiares de la SEMIÓTICA. En dicha caracterización, ´la pragmática´ aborda el estudio de las relaciones de interpretación, es decir, las que existen entre los signos y los usuarios dentro del CONTEXTO en que éstos utilizan aquéllas. En la comunicación hay un signo, un designatum y un usuario o intérprete, y entre ellos se desarrolla una triple relación, conforme indicamos en este esquema:

Como se puede deducir de este esquema triádico de la SEMIOSIS, la ´pragmática´ aborda las relaciones más dinámicas, las que existen entre los signos y sus usuarios dentro del contexto en que éstos utilizan aquellas (relaciones de interpretación). De las otras dos ramas, la primera, la sintáctica, trata de los diversos nexos que los signos mantienen entre sí y de los que se establecen en el seno de los propios signos (relación de implicación), y la segunda, la SEMÁNTICA, analiza las vinculaciones de éstos con el mundo al que hace referencia, es decir, con los objetos a los que se aplican (relaciones de designación). Pero el hecho de que la ´pragmática´ trate el aspecto más dinámico, la INTERPRETACIÓN no significa que pueda prescindir de las otras dos ramas, sintáctica y semántica, ya que es prácticamente imposible interpretar un mensaje si no se conocen las relaciones que los signos guardan entre sí, ni las que mantienen con el mundo al que hacen referencia.

Algunos creen ver en los objetivos y postulados de la ´pragmática´ una forma moderna de RETÓRICA clásica, que arrancaría de De institutiones oratoria, de Quintiliano.

El mayor impulso que tuvo la pragmática lo ha recibido de las intuiciones y los trabajos de Austin y de Searle (1980), con los llamados ACTOS DE HABLA, que constituyen un estudio pragmático por excelencia.

El término ´pragmática´se afianza también en disciplinas próximas o afines a la lingüística (Habermas, 1988), como la filosofía, la antropología y otras ciencias del comportamiento humano que se han marcado entre sus objetivos la explicación de sistema de reglas subyacentes a toda comunicación humana, aunque, evidentemente, haya diferencias metodológicas y conceptuales entre ellas.

En lingüística son hoy muchas sus acepciones , casi todas relacionadas con lo que se llama LENGUAJE EN ACCIÓN (Levinson, 1983:5), a saber, el estudio del lenguaje en su relación con los usuarios y las circunstancias de la comunicación, aunque algunas sean distintas, como la dada en el programa de semántica formal de la gramática de Montague (1972) o las utilizadas en crítica literaria (Chico Rico, 1988:32). Las más importantes:

1. Rama de la lingüística que estudia el componente pragmático del lenguaje. En este sentido, la pragmática puede tener el rango de disciplina o campo de investigación, aunque también incipientes, similar a la FONOLOGÍA, SINTAXIS, la semántica y la sintáxis que nacen del uso de las oraciones. La diferencia de la ´pragmática´ con los otros componentes del lenguaje reside que éstos se rigen por reglas, mientras que la pragmática por principios, como el PRINCIPIO DE COPERACIÓN de Grice.

2. Disciplina que estudia la relación entre el lenguaje y los CONTEXTOS comunicativos en que este se manifiesta (Beugrande, R. et al., 1981:209).

3. En otra acepción relacionada con la anterior, aunque más restrictiva, la pragmática aborda el funcionamiento del contexto en la interpretación de los enunciados, es decir, los aspectos y las condiciones contextuales de la comunicación.

4. En otra, también vinculada a la segunda, aunque con una visión más psicologista, la ´pragmática´ analiza las TEORÍAS que investigan la estructura mental subyacente a la capacidad interpretativa de los enunciados de los interlocutores (Blakemore, D. 1987:8).

5. Finalmente, como PARADIGMA investigador, es decir, como PARADIGMA DE LA PRAGMÁTICA. En este caso la ´pragmática´ es una nueva perspectiva investigadora (Mey, J.L, 1995) que estudia el lenguaje en general, o cualquier aspecto del mismo, como fenómeno discursivo, comunicativo y social a la vez lo que se llama LENGUAJE EN USO o LENGUAJE EN ACCIÓN.

Siguiendo a Blum-Kulka (1996: 155 y sgs.), las ramas más reconocidas de la ´pragmática´ son dos: la pragmalingüística, que pone mayor énfasis en el análisis de los recursos lingüísticos-estructurales que se necesitan en el uso del lenguaje y la sociopragmática, interesada en el análisis de las condiciones de los usos del lenguaje que surgen en las SITUACIONES comunicativas o sociales concretas.

La pragmática

David Crystal, Enciclopedia del lenguaje de la Universidad de Cambridge, 1987, [ed. castellano: Juan Carlos Moreno Cabrera, UAM, 1994]:

Estudia los factores que regulan el uso del lenguaje en la interacción social, y los efectos que este uso produce en los demás.

En teoría podemos decir lo que queramos; pero en la práctica observamos una gran cantidad de convenciones sociales que condicionan nuestro modo de hablar.

No hay ninguna ley que prohiba contrar chistes durante un entierro, pero esto es algo que generalmente no se hace. Hemos ido asimilando, de manera intuitiva, ciertos formalismos y normas de cortesía al hablar, los gestos y el lenguaje escrito se hallan sujetos a condicionantes similares.

Nuestra manera de pronunciar, las construcciones gramáticas que utilizamos, o el vocabulario que elegimos están fuertemente influidos por factores de tipo pragmático.

En muchas lenguas, las distinciones pragmáticas propias de la etiqueta, la cortesía o la intimidad aparecen en todos los sistemas de la lengua (gramática, léxico, fonología).

Distinciones con fuerza pragmática: caso de la elección entre -tú- y -usted-.

La pragmática no es un terreno de estudio homogéneo. Nuestra elección del lenguaje en la interacción social esta determinado por un amplio número de factores, no sabemos con claridad cuáles son, cuál es la mejor manera de interrelacionarlos, o cómo distinguirlos de otras parcelas de investigación lingüística:

Semántica, estilística, psicolingüística, análisis del discurso.

Como consecuencia de las intersecciones en las áreas de interés, han surgido diversas caracterizaciones del ámbito de la pragmática. Uno de los enfoques se centra en los factores formalmente codificados en la estructura de la lengua (formas honoríficas, elección entre tú y usted, etc.); en el enfoque semántico la pragmática se ve como el estudio de todos los factores del significado que no encajan en el análisis de las oraciones en términos de condiciones de verdad (Hola, rey, me molas; etc.); algunos adoptan una perspectiva más amplia donde la pragmática es el estudio de los principios que subyacen a la actuación lingüística interactiva, incluyendo todos los aspectos del uso lingüístico.

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