Realismo y Realista: ¿Qué es el Realismo? Características, Literario, Arte, Definición, Concepto

El realismo puede estar referido a lo que se ajusta a la realidad, como lo opuesto a lo fantástico o imaginario; o al rey, como representante del sistema político monárquico.

El realismo no solo se manifiesta en la vida cotidiana sino en la literatura, en las artes, en la política, etcétera, y fue una tendencia predominante en el siglo XIX, bajo el predominio de la nueva sociedad burguesa, que es lo que el realismo trata de mostrar del modo más auténtico posible.

Modernamente, el realismo en Filosofía se opone al idealismo, considerando al sujeto cognoscente diferenciado del objeto de su conocimiento, que tiene una existencia independiente de aquel.

¿Qué es el Realismo?

Nominalismo, Realismo, Conceptualismo: Estos términos se usan para designar las teorías que se han propuesto como solución a una de las cuestiones más importantes de la filosofía, a menudo mencionada como el problema de los universales, que, aunque fue el tema favorito de discusión en épocas antiguas, y especialmente en la Edad Media, se destaca aún en la filosofía moderna y contemporánea.

El Problema y las Soluciones Propuestas

El problema de los universales es el problema de la correspondencia de nuestros conceptos intelectuales con las cosas que existen fuera de nuestro intelecto. Mientras que los objetos externos son determinados, individuales, formalmente excluyentes de toda multiplicidad, nuestros conceptos o representaciones mentales nos ofrecen las realidades independientes de toda determinación particular; son abstractos y universales. La cuestión, por tanto, consiste en descubrir hasta qué punto los conceptos de la mente corresponden a las cosas que representan; cómo la flor que concebimos representa la flor que existe en la naturaleza; en una palabra, si nuestras ideas son fieles y tienen realidad objetiva.

Se han ofrecido cuatro soluciones del problema. Es necesario describirlas cuidadosamente, pues los autores no siempre usan los términos en el mismo sentido.

Realismo exagerado

El realismo exagerado sostiene que hay conceptos universales en la mente y cosas universales en la naturaleza. Hay, por tanto, un estricto paralelismo entre el ser en la naturaleza y el ser en el pensamiento, puesto que el objeto externo está revestido del mismo carácter de universalidad que descubrimos en el concepto. Esta es una solución simple, pero que va contra los dictados del sentido común.

Nominalismo

El realismo exagerado inventa un mundo de realidad que corresponde exactamente a los atributos del mundo del pensamiento. El nominalismo, por el contrario, modela el concepto sobre el objeto externo, que sostiene es individual y particular. El nominalismo por consiguiente niega la existencia de conceptos abstractos y universales, y rechaza admitir que el intelecto tenga la facultad de engendrarlos. Lo que llamamos ideas generales son sólo nombres, meras designaciones verbales, que sirven como etiquetas a colecciones de cosas o a series de acontecimientos particulares. De ahí el término nominalismo. Ni el realismo exagerado ni el nominalismo encuentra dificultad en establecer correspondencia entre la cosa en el pensamiento y la cosa que existe en la naturaleza, puesto que por caminos diferentes, ambos postulan la perfecta armonía entre las dos. La dificultad real aparece cuando asignamos atributos diferentes a la cosa en la naturaleza y a la cosa en el pensamiento; si sostenemos que la una es individual y la otra universal. Surge entonces una antinomia entre el mundo de la realidad y el mundo como se representa en la mente, y eso nos lleva a investigar cómo la noción general de flor concebida por la mente es aplicable a las flores particulares y determinadas de la naturaleza.

Conceptualismo

El conceptualismo admite la existencia en nosotros de conceptos abstractos y universales (de ahí su nombre), pero sostiene que no sabemos si los objetos mentales tienen o no algún fundamento fuera de nuestras mentes o si los objetos individuales en la naturaleza poseen respectivamente y cada uno por sí mismo las realidades que concebimos como efectivas en cada uno de ellos. Los conceptos tienen un valor ideal; no tienen valor real, o al menos no sabemos si tienen valor real.

Realismo moderado

El realismo moderado, finalmente, declara que hay conceptos universales que representan fielmente realidades que no son universales. “¿Cómo puede haber armonía ente los primeros y las últimas? Estas últimas son particulares, pero tenemos la facultad de representárnos las a nosotros mismos de manera abstracta. Ahora bien el género abstracto, cuando el intelecto lo considera reflexivamente y lo contrasta con los sujetos particulares en los que se hace realidad o es capaz de hacerse realidad, es atribuible indiferentemente a cualquiera y a todos ellos. Esta aplicabilidad del género abstracto a los individuos es su universalidad.” (Mercier, "Critériologie", Lovaina, 1906, p. 343).

Los Reclamos del Realismo Moderado

Este sistema reconcilia las características de los objetos externos (particularidad) con los de nuestras representaciones intelectuales (universalidad), y explica por qué la ciencia, aunque formada por nociones abstractas, es válida para el mundo de la realidad. Para comprender esto basta captar el significado real de la abstracción. Cuando la mente aprehende la esencia de una cosa (quod quid est; tò ti en eînai), el objeto externo se percibe sin las notas particulares que forman parte de él en la naturaleza (esse in singularibus), y no está marcado aún con el atributo de generalidad que la reflexión le otorgará (esse in intellectu). La realidad abstracta es aprehendida con perfecta indiferencia en lo que respecta tanto al estado individual externo como al estado universal interno: abstrahit ab utroque esse, secundum quam considerationem consideratur natura lapidis vel cujus cumque alterius, quantum ad ea tantum quae per se sompetunt illi naturae (Sto. Tomás, "Quodlibeta", Q.I, a, 1).

Ahora bien, lo que se concibe así en estado absoluto (absolute considerando) no es nada más que la realidad encarnada en cualquier individuo dado: verdaderamente, la realidad, representada en mi concepto de hombre, está en Sócrates o en Platón. No hay nada en el concepto abstracto que no se aplique a cada individuo; si el concepto abstracto es inadecuado, porque no contiene las notas singulares de cada ser, no es menos fiel, o al menos su carácter abstracto no impedirá que corresponda fielmente a los objetos existentes en la naturaleza. Respecto a la forma universal del concepto, una primera consideración muestra que es subsiguiente a la abstracción y es fruto de la reflexión: "ratio speciei accidit naturae humanae". De ahí se sigue que la universalidad del concepto tal como es es la obra puramente del intelecto: "unde intellectus est qui facit universalitatem in rebus" (Sto. Tomás, "De ente et de essentia", IV).

Respecto al nominalismo, conceptualismo y realismo exagerado, algunas consideraciones generales deben bastar. El nominalismo, que es inconciliable con una filosofía espiritualista y por esa misma razón también con el escolasticismo, presupone la teoría ideológica de que el concepto abstracto no difiere esencialmente de la sensación, de la que es sólo una transformación. El nominalismo de Hume, Stuart Mill, Spencer, Huxley, y Taine no es de mayor valor que su ideología. Confunden esencialmente operaciones lógicas distintas---la simple descomposición de representaciones sensibles o empíricas con la abstracción propiamente así llamada y la analogía sensible con el proceso de universalización.

Los aristotélicos reconocen ambas operaciones mentales, pero distinguen cuidadosamente entre ellas. En cuanto a Kant, todos los lazos que puedan relacionar el concepto con el mundo externo se destruyen en su fenomenalismo. Kant es incapaz de explicar por qué una y la misma impresión sensible causa o desencadena ahora esta, ahora aquella categoría; sus formas a priori son ininteligibles según sus propios principios, puesto que están más allá de la experiencia. Además, confunde el tiempo y el espacio real, limitado como las cosas que se desarrollan en él, con el tiempo y el espacio ideal o abstracto, los únicos que son generales y sin límites. Pues en realidad no creamos de manera global el objeto de nuestro conocimiento, sino que lo engendramos dentro de nosotros por la influencia causal del objeto que se nos revela.

Características del realismo

El realismo nace como reacción contra el Romanticismo, contra su fantasía, su evasión de la realidad cotidiana y de los problemas sociales y políticos que produjo la Revolución industrial, su interés exclusivo por los asuntos personales y en contra de su vuelta al pasado o a lo exótico como fuentes de inspiración.

El escritor realista toma consciencia de la situación social y política en que vive, la utiliza como materia de su interés y tema de su obra.

El rasgo general de la producción realista es su tono sensato, opuesto al apasionamiento romántico, de acuerdo con el carácter de la burguesía que es la destinataria de las obras realistas. La clase media se complacía en verse representada, a pesar de no aparecer bien parada.

La novela es el subgénero literario que más desarrollo tiene durante este período.

La época realista va, desde 1830 al 1890 aproximadamente, coincidiendo al principio con el final del Romanticismo, y evolucionando hacia una concepción de la obra literaria como que hacer científico que se llama Naturalismo.

Arte realismo

Término que designa un movimiento que apareció en Francia en 1848, a raíz de la revolución de ese año (por lo que se vincula a las ideas sociales en favor de los más pobres), y que se extendió hasta 1880.

Tiene como antecedentes el redescubrimiento de la pintura holandesa del siglo XVII y la influencia de los maestros barrocos españoles y como movimiento se opuso polémicamente tanto al romanticismo como a la pintura académica.

El realismo es un estilo que refleja la realidad histórica y que no copia objetos mitológicos, religiosos o alegóricos. Su fidelidad al detalle lo diferencia de la glorificación idealizadora romántica, y su concentración en los rasgos esenciales y típicos de los carácteres, situaciones y acciones lo distingue del reflejo de la realidad en sentido naturalista o fotográfico.

El realismo defiende la contemporaneidad frente a la historicidad. Como parte de lo mismo, da la pura coincidencia de que algo suceda, como un encuentro entre amigos, por ejemplo, y que por esa simple cualidad amerita ser representado: no hay temas mejores ni peores, todo es digno de pintura.

El realismo pone fin a la pintura concebida como relato figurado; se pierde el sentido narrativo, no se explica nada.

Concepto y Definición de realismo

Las tendencias realistas maduran en el seno del romanticismo. La disolución de la visión clásica que se opera en la primera mitad del siglo XIX y la liberación de la técnica pictórica contribuyen a romper la tradicional jerarquía temática. Ya no era preciso pintar a los héroes y a los dioses de la antigüedad o a los grandes personajes bíblicos para ser considerado un gran artista. Por el contrario, la atención se dirigía al paisaje , hacia los tipos populares (costumbrismo), hacia lo particular y perecedero. En toda esta actitud está la base del realismo que cristaliza como movimiento definido después de 1848.

Las tendencias realistas maduran en el seno del romanticismo. La disolución de la visión clásica que se opera en la primera mitad del siglo XIX y la liberación de la técnica pictórica contribuyen a romper la tradicional jerarquía temática. Ya no era pintado los héroes y los dioses de la antigüedad o a los grandes personajes bíblicos para ser considerado un gran artista. Por el contrario, la atención se dirigía al paisaje , hacia los tipos populares (costumbrismo), hacia lo particular y perecedero. En toda esta actitud está la base del realismo que cristaliza como movimiento definido después de 1848.

Desde el punto de vista técnico la pintura del momento asume y acentúa las grandes conquistas románticas, utilizándose también las técnicas, cada vez más perfeccionadas,de reproducción impresa de la imagen.

Desde mediados del siglo XIX el mundo experimenta una gran transformación. La época de la gran industria ha nacido. Se está operando la segunda revolución industrial. Es la época del auge del colonialismo y la del surgimiento de una nueva clase social: el proletariado.

Las condiciones históricas han cambiado, sin embargo, de modo sustancial: la revolución de 1848 y la fuerza creciente de las fuerzas proletarias conlleva una agudización de la lucha de clases.

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