Republica, ¿Qué es Republica? Republica Definición, Concepto de Republica

Del latín res publĭca (“cosa pública”), la república es una forma de organización del Estado. En la república, la máxima autoridad cumple funciones por un tiempo determinado y es elegida por los ciudadanos, ya sea de manera directa o a través del Parlamento (cuyos integrantes también son elegidos por la población).

Por extensión, se conoce como república al Estado que está organizado de esta manera y a todos los regimenes no monárquicos. Otro uso del término hace referencia al cuerpo político de la sociedad y a la causa pública (por ejemplo: “La corrupción de los ministros atenta contra la república”, “La república no puede soportar el maltrato de sus funcionarios”).

El principal canal de participación ciudadana en la república es el voto. Las elecciones deben ser libres y el voto, secreto. De esta manera, los ciudadanos pueden ejercer su participación sin presiones ni condicionamientos.


El origen de la palabra República

Tradicionalmente (República, del latín res publica, « la cosa pública, lo público ») se ha definido la república como la forma de gobierno de los países en los que el pueblo tiene la soberanía o facultad para el ejercicio del poder, aunque sea delegado por el pueblo soberano en gobernantes que elige de un modo u otro.

En la práctica suele pensarse que la forma de estado de un país es la monarquía si tiene rey, y república si no lo tiene. Lo cierto es que una república está fundamentada en el "imperio de la ley" y no en el "imperio de los hombres".

Una república es, de este modo, un sistema institucional independiente de los vaivenes políticos, incompatible con tiranías y monarquías, y en la cual tanto los gobernantes como los gobernados se someten por igual a un conjunto de principios fundamentales normalmente establecidos en una constitución.

República proviene del vocablo latino res (cosa) pública, perteneciente al “populus” o pueblo, significando que el poder reside en el pueblo, que lo delega transitoriamente en sus representantes. Esta es una diferencia fundamental con los gobiernos monárquicos donde el soberano tiene carácter vitalicio, y muchas veces, hereditario.


Una característica fundamental del sistema de gobierno republicano es la división de poderes, constitucionalmente establecida, que son usualmente tres, divididos en cuanto a su funciones específicas : un órgano administrador, representado en el Poder Ejecutivo, otro “hacedor de leyes” llamado Poder Legislativo, y otro que tiene la misión de aplicar esas leyes en los casos específicos sometidos a su apreciación, que es el Poder Judicial.

En las repúblicas más modernas, el Jefe de Estado es llamado el Presidente de la República (o presidente), que no hay que confundir con el Primer Ministro o Presidente del Gobierno.

En las repúblicas democráticas, el Jefe de Estado ha de ganar unas elecciones.

República Española

La Primera República Española

El primer intento republicano en la Historia de España tuvo lugar en el siglo XIX, concretamente entre los años 1873 y 1874. Fue una experiencia corta, de tan sólo once meses de duración, y caracterizada por una fortísima tensión política y social. Hasta tal punto es así, que en el poco tiempo que duró la República, se sucedieron cuatro presidentes diferentes. Por otra parte, también hay que decir que durante este tiempo se redactó la Constitución más avanzada de las que se habían venido elaborando en España hasta entonces.

Los antecedentes de la I República tenemos que situarlos en el final del reinado de Isabel II, en 1868. El vacío de poder que provocó el derrocamiento de la soberana lanzó, por primera vez en España, la idea de una República, visto el desgaste de la monarquía en aquellos instantes. Sin embargo, el hueco de la jefatura del Estado fue ocupado, momentáneamente, por el rey italiano Amadeo I. El fracaso de su gestión provocó, en 1873, la actuación de los líderes más izquierdistas para proclamar la I República Española.

Los cuatro presidentes que ocuparon la jefatura del Estado durante este período fueron Estanislao Figueras, Francisco Pi y Margall, Nicolás Salmerón y Emilio Castelar. Apenas unos pocos meses duraron cada uno de ellos en este cargo, lo que demuestra la gran inestabilidad política que ya se ha comentado con anterioridad.


Sin embargo, se lograron algunos avances, como fue la redacción de la Constitución de 1873. La Constitución de 1873 también puso en marcha otros puntos políticos, como la separación de poderes (ejecutivo, legislativo y judicial), a los que se añadía uno nuevo: la relación entre los poderes, ejercido por el presidente de la República. También aparecía, por primera vez, el concepto de “Soberanía Popular”. Hasta el momento, se había reconocido en diferentes textos constitucionales la “Soberanía Nacional”. Pero no se había llegado a dar ese paso primordial para el pueblo.

Sin embargo, quizá el punto más destacado en la puesta en práctica de la Constitución y de la propia República fue el Federalismo. Impulsado por Pi y Margall, se reconocía esta forma de gobierno, de nuevo, por primera vez en España. Ello era respuesta a las sucesivas reivindicaciones regionalistas de algunas zonas del país, como podían ser Cataluña y el País Vasco, y que más tarde se traducirían en nacionalistas.

Lo que en principio iba a ser un acuerdo entre las regiones para su gobierno federal, se llegó a convertir en un auténtico caos territorial. Y es que el Federalismo derivó pronto en el Cantonalismo. Queriendo seguir el ejemplo de la Confederación Suiza, algunas ciudades españolas se proclamaron cantones independientes, como ocurrió en Sevilla, Cádiz o Cartagena. Este último caso fue el más llamativo, ya que fue el que más perduró en el tiempo. Incluso una vez desaparecida la República, Cartagena seguía defendiendo su independencia, aunque por pocos meses más.

Esta cuestión, entre otras, llevó a la República al fracaso. La subida a la presidencia de Emilio Castelar, de tintes conservadores, endureció mucho más la política interior y favoreció el acercamiento a la Santa Sede. Todo ello hasta que un golpe de Estado por parte del general Pavía en enero de 1874 sepultaba, definitivamente, la I República española. Menos de dos años después, subía al trono Alfonso XII, con el que se iniciaría un nuevo período en la Historia de España: la Restauración Borbónica.


LA SEGUNDA REPUBLICA ESPAÑOLA

En los más de cincuenta años de monarquía que siguen a la I Republica (1873-74), se suceden dos borbones Alfonso XII y Alfonso XIII. Este régimen se caracteriza por representar un freno al progreso y por su alto grado de corrupción, explotación y represión.

En esta situación la oposición republicana constituida por fuerzas políticas, sindicales y sociales de talante progresista, va poco a poco organizándose a lo largo de los años, mientras el régimen monárquico entra progresivamente en una fase de decadencia fruto de las razones antes citadas.

Así llegamos al año 1931, en que el régimen monárquico se encuentra inmerso en una profunda crisis. El rey nombra un nuevo gobierno e intentando demostrar buena voluntad al pueblo, convoca elecciones municipales. Desde su alejamiento de la realidad del pueblo español, el monarca y su gobierno ignoran la antipatía que este pueblo les profesa y creen que las elecciones se saldarán con un respaldo mayoritario para la monarquía.

Nada más lejos de la realidad. Los Socialistas, republicanos y demás fuerzas anti-monárquicas se lanzan a una intensa campaña electoral a favor de un estado republicano.

El resultado de las elecciones es una ínfima mayoría para los monárquicos, pero en si supone una derrota para estos, puesto que pierden en 41 de las 50 capitales de provincia y eso aun a pesar de la corrupción reinante.

El pueblo masivamente se echa a la calle para vitorear la II Republica y pedir el fin de la monarquía.

Alfonso XIII por fin entiende la situación y abandona el país, forzado por el rechazo popular para no regresar más.

Es el 14 de abril de 1931. Alcalá Zamora, Azaña y Largo Caballero entre otros, proclaman desde el Ministerio de Gobernación la II Republica.


La segunda Republica española pasa por tres fases claramente diferenciadas:

  • El bienio progresista (1931-1933)

  • El bienio derechista (1933-1935)

  • El frente popular (1936-)

El bienio progresista

Este periodo está caracterizado por el esfuerzo del gobierno por modernizar la nación secular tanto en materia económica como social. En este periodo se elabora y aprueba la constitución, convirtiéndose en una de las más avanzadas de la época. La nueva constitución supone el primer enfrentamiento grave con la iglesia, que no la acepta.

Se aborda la reforma del ejército. Se aborda la reforma agraria. Se concede el estatuto de autonomía a Catalunya y más tarde a otras regiones. Se mejoran las condiciones laborales y los salarios. Se crean numerosas escuelas y se fomenta la alfabetización.

Todas estas reformas encuentran una importante oposición por parte de los poderes oligárquicos del país.

Así la Republica sufre en agosto de 1932 un frustrado intento de golpe de estado, dirigido por el general Sanjurjo y respaldado por las fuerzas antirrepublicanas y la iglesia.

La situación económica internacional está marcada por la crisis mundial de 1929 y esto viene a agravar los problemas económicos de la Republica. Esto lleva a que unido a todo lo anterior las reformas se desarrollen de forma lenta, lo que provoca rechazo por parte de los jornaleros, campesinos y obreros decepcionados, por los progresos reales frente a las expectativas que el nuevo régimen creó.


Se producen huelgas, manifestaciones y levantamientos obreros, que tienen su máximo exponente en los sucesos de Casas Viejas, donde la Guardia Civil ejecuta una masacre.

Este último suceso y el revuelo consiguiente provocan una profunda crisis gubernamental, que tras la formación de dos gobiernos sucesivos desemboca en la disolución de las cortes y la convocatoria de elecciones generales.

El bienio derechista

Las elecciones generales de 1933 son ganadas por la derecha. Inmediatamente el jefe de gobierno Lerroux del Partido Radical y apoyado por la derechista CEDA, comienza a cambiar la legislación progresista del anterior periodo, perdiéndose todo lo adelantado.

Asimismo, en esta línea de actuación ralentiza la transferencia de competencias a la Generalitat catalana y frena el estatuto de autonomía vasco.

La CEDA empieza a reclamar del gobierno un aun mayor giro a la derecha y los falangistas actúan violentamente contra las fuerzas de izquierda y progresistas, lo que degenera en un periodo de lucha (en todas sus formas) entre izquierdistas y derechistas.

La CEDA finalmente entra en el gobierno, con lo cual se acelera la anulación de las reformas progresistas.

La izquierda reacciona convocando la huelga general con un seguimiento desigual. En Asturias los obreros se levantan, constituyéndose un fuerte movimiento revolucionario. En Catalunya se proclama el "Estat Catala". Ambas iniciativas son sofocadas. En el caso de Asturias la represión ejercida por el ejército contra los rebeldes desencadena una matanza. Numerosos políticos de izquierda dan con sus huesos en la cárcel.

La CEDA asume aun más poder después de estos hechos y comienza a hacer planes para derrocar la Republica. La falange hace tres cuartos de lo mismo e incita al alzamiento armado contra la Republica.


Cabria señalar que la situación en Europa durante este periodo está dominada por el imparable ascenso del fascismo en Italia y Alemania, y estos países son los ejemplos a seguir de la derecha europea, en esos momentos.

Volviendo a España, el gobierno pretende finalmente hacer una reforma de nada menos que 42 artículos de la constitución, que suponen una vuelta atrás radical. También lleva a votación una ley de contra-reforma agraria. Seguidamente estallan una serie de escándalos que salpican el gobierno Lerroux. Todo esto lleva a la dimisión del gobierno y a la convocatoria de elecciones para el 16 de febrero de 1936, tras un fallido intento de crear un nuevo gobierno estable sin la CEDA.

Las izquierdas se unen en una amplia alianza de oposición llamada "Frente Popular", que aunque circunstancial supone la única defensa que le queda a la Republica frente al fascismo y los conservadores monárquicos.

El Frente Popular

El Frente popular gana las elecciones y obtiene 257 diputados. Azaña forma gobierno, sin los socialistas y comunistas que aunque le apoyan no desean entrar en el gobierno.

El gobierno promulga inmediatamente la amnistía y los miles revolucionarios de octubre recobran su libertad. El parlamento catalán vuelve a reunirse. Se suceden las manifestaciones de apoyo al Frente Popular.

La derecha encaja muy mal la derrota y comienza una oleada de actos terroristas con el fin de desestabilizar el país. El gobierno frentepopulista responde ilegalizando la falange y encarcelando a su principal dirigente.

En los cuarteles el ruido de sables comienza a ser ensordecedor y los militares más reaccionarios comienzan a preparar un golpe de estado. Además de los generales esta vez también hay civiles implicados en la trama.

Por su parte los campesinos empiezan a ocupar fincas con el consentimiento del gobierno, con miras a realizar la reforma agraria por su cuenta y a la mayor brevedad posible. Los terratenientes reaccionan abandonando el país y sacando todo el capital. En las grandes ciudades las muestras de apoyo del pueblo a la Republica son multitudinarias, destacando el 1º de Mayo en Madrid.

La situación general se va radicalizando y los actos violentos de la falange son contestados con la quema de iglesias.

El general Mola, cerebro del golpe de estado que se está preparando pone fecha en principio para el 10 de Julio y distribuye el trabajo: Franco se encargará de África, Goded de Valencia, Queipo del Llano tomará Andalucía y el propio Mola se hará cargo de Navarra y Burgos. Finalmente se acuerda retrasar la fecha, por desacuerdos con la falange y los tradicionalistas.


Mientras tanto y dentro del mismo plan de desestabilización el día 12 de Julio, se produce un hecho determinante: el teniente de la guardia de asalto y públicamente izquierdista, José castillo es asesinado supuestamente por falangistas. Sus propios compañeros ejecutan al dirigente derechista José Calvo Sotelo, como venganza.

Esto sirve de excusa a los golpistas para desencadenar el golpe de Estado, inicialmente el 17 de Julio en Canarias y Marruecos y el día 18 en el resto de España.

A partir de ese momento España queda dividida en dos zonas, una bajo control gubernamental y otra bajo control de los sublevados y no existe una clara ventaja militar por parte de ninguno de los dos bandos lo que hace prever una guerra larga. La tragedia de una guerra civil está servida.

EJERCITO DEL CENTRO

Conjunto de fuerzas que tenía encomendada como misión principal la defensa de Madrid aunque también se encargaba de la defensa de la región central republicana siendo pues uno de los mayores y más importantes del Ejército Popular. Se vio constantemente puesto a pruebas en las sucesivas batallas tanto defensivas como ofensivas realizadas en sus alrededores (Jarama, Guadalajara, Brunete etc.) las cuales demostraron que aunque no estaba suficientemente preparado para el ataque sí lo estaba para la defensa y el contraataque. Tuvo como primer comandante en jefe al general Sebastián Pozas Perea aunque posteriormente dependió también del general José Miaja Menant principal jefe político y militar durante la defensa de Madrid. En marzo de 1939 se rindió sin oponer resistencia a las fuerzas nacionales.

EJERCITO DEL ESTE

Creado al estallar la guerra civil y teniendo como base a las milicias del POUM, la CNT, la UGT y el Partido Comunista, su zona de influencia fue durante la contienda la de operar en el avance en Aragón así como a servir de ayuda al Ejército del Centro teniendo también como jefe al general Sebastián Pozas Perea. Tras un periodo de estancamiento intervino entre diciembre de 1937 y febrero de 1938 en la campaña de Teruel, campaña en la que sufrió numerosísimas pérdidas, lo que obligó a una nueva reestructuración de sus cuadros de mandos y tropas. La caída de Cataluña en manos nacionales en febrero de 1939 significó la destrucción efectiva de este ejército.

EJÉRCITO DEL EBRO

Creado en julio de 1938 a instancia del Jefe de Estado Mayor del Ejército Popular, general Vicente Rojo y puesto a las órdenes del comunista. Estaba integrado por los Cuerpos de Ejército V (Enríque Líster), XII (Etelvino Vega), XV (Manuel Tagüeña) y XVII (José del Barrio). Sus efectivos sumaban 80.000 hombres apoyados por 70-80 piezas de artillería de campaña y 30 piezas de artillería antiaérea. Localizado en la ribera catalana del Ebro, su principal misión fue evitar que Valencia cayera en manos de los nacionales, tarea para la cual se propuso desencadenar la famosa batalla del Ebro que tenía como objetivo aliviar la presión sobre Valencia e intentar volver a unir, con un ataque desde Cataluña, las zonas republicanas que habían quedado divididas tras la ofensiva franquista de Aragón. Con el final de la mortífera batalla (noviembre de 1938) quedó derrotado y sin posibilidad de ser reestructurado.


EJÉRCITO DE LEVANTE

Creado tras la organización del Ejército Popular y compuesto por unos 100.000 hombres fue confiando en 1937 al general Juan Hernández Saravia y operó principalmente en la zona de Teruel permaneciendo prácticamente inactivo durante el resto de la contienda. Antes de su rendición en marzo de 1939 su mando fue ostentado por el general Leopoldo Menéndez López.

EJÉRCITO DE EUZKADI

Ejército autónomo formado por unidades militares del Pais Vasco con un fuerte componente político (gudaris) mandadas inicialmente de una forma un tanto vaga por el presidente del Gobierno autonómico José Antonio Aguirre y posteriormente de manera práctica aunque no efectiva por el general Manuel Gamir Ulíbarri que tuvo una efímera existencia al ser derrotado y prácticamente destruido tras la victoriosa ofensiva del norte del ejército nacional en el verano de 1937.

EJÉRCITO DE EXTREMADURA

Creado en noviembre de 1937 a fin de liberar en parte las extensas competencias del Ejército del Centro. Fue mandado hasta julio de 1938 por el coronel Ricardo Burillo y desde esa fecha hasta que finalizó la contienda por el general Antonio Escobar. Salvo en contadas ocasiones en las que montó ofensivas de escasa importancia permaneció inactivo hasta su rendición en marzo de 1939.

EJÉRCITO DEL SUR

Constituido a finales de 1936 al mando del general Fernando Martínez Monje fue el impulsor de la ofensiva contra Córdoba en la cual fracasó en su intento de apoderarse de la capital como también fracasó cuando, ya a las órdenes del coronel José Villalba, se le encomendó la defensa de la zona republicana de Málaga. El resto de la contienda permaneció inactivo siendo el coronel Gaspar Morales su último jefe antes de la rendición.

EJÉRCITO DE ANDALUCÍA

Contingente de fuerzas mandadas en un principio por el coronel Adolfo Prada y a partir de 1938 por el también coronel Domingo de Moriones que operó en el sur y en el centro de España y que prácticamente permaneció inactivo durante toda la contienda.


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